“Se compra lo que se puede”, resumió Vera al describir el comportamiento que observan en los hogares. Las ofertas ganaron protagonismo y las marcas dejaron de ser una prioridad para muchas familias, mientras que en los almacenes de cercanía aparece una modalidad cada vez más extendida: comprar directamente según el dinero disponible.
Así, explicó, una persona puede pedir $2.000 de queso, $5.000 de carne picada o una cantidad determinada de papas en función de lo que tiene en el bolsillo, en lugar de definir la compra por kilo o por producto.
Para la dirigente de Amas de Casa, ese cambio es una señal de cómo se reorganizó el consumo. La familia primero determina cuánto puede gastar y después decide qué llevar.
Vera sostuvo que la situación económica todavía repercute sobre la calidad de vida y que muchas familias deben buscar fuentes adicionales de ingresos para sostener sus gastos. “La calidad de vida sigue deteriorándose”, afirmó, y explicó que una de las consecuencias es la necesidad de establecer prioridades: decidir qué deuda, servicio o gasto se paga primero y cuál puede esperar.
En ese escenario, la inflación es solamente una parte del problema. Aunque el ritmo de aumento de los precios se haya moderado, los hogares continúan enfrentando valores acumulados y salarios que, según el relevamiento de la organización, no siempre acompañan las necesidades mensuales.
Vera también señaló que las diferencias de precios dentro de la provincia son cada vez más importantes. Según explicó, el valor de una misma compra puede variar dependiendo del departamento y del tipo de comercio: hipermercado, supermercado o almacén de cercanía.
Por eso, sostuvo que el consumidor comenzó a prestar mucha más atención a las promociones y a comparar antes de comprar.
Uno de los puntos que más preocupa a Amas de Casa es el endeudamiento de los hogares. Vera describió un proceso que comienza muchas veces con una obligación que no puede pagarse en término y continúa con la utilización de otro mecanismo de financiamiento para cubrirla.
En el caso de los servicios, mencionó especialmente los planes de pago de la empresa de energía. Según explicó, al abonarse las cuotas correspondientes a boletas atrasadas y no necesariamente el total de la deuda acumulada, puede generarse una suma pendiente cada vez mayor.
A eso se suma otro fenómeno, el de personas que solicitan préstamos para poder pagar las facturas. “Se va haciendo una acumulación de deudas imposibles de pagar”, sostuvo.
La situación también alcanza a las tarjetas de crédito, billeteras virtuales y entidades financieras. Vera cuestionó especialmente el peso de los intereses y señaló que la posibilidad de realizar pagos mínimos puede terminar agravando el endeudamiento cuando una familia ya tiene dificultades para cancelar el total de sus consumos.
También mencionó una modalidad todavía más costosa: los préstamos informales con devolución diaria o semanal. Según describió, en algunos casos quienes prestan dinero llegan a cobrar el doble del monto entregado en períodos muy cortos.
Para las familias que tienen ingresos insuficientes, el crédito puede funcionar inicialmente como una forma de resolver una urgencia. El problema aparece cuando se transforma en el mecanismo habitual para cubrir alimentos, servicios u otros gastos esenciales.
Vera relacionó esa situación con los niveles de morosidad que se registran en la provincia y con la pérdida de capacidad de pago de determinados sectores.
Según su explicación, el endeudamiento afecta especialmente a personas mayores de 40 años y hasta los 60, una franja en la que identificaron casos de pérdida del empleo formal o de trabajadores que permanecen dentro de la informalidad. La consecuencia es que una deuda deja de ser excepcional y pasa a formar parte de la economía cotidiana del hogar.
Mujeres con varios trabajos para sostener el hogar
Otro de los relevamientos que Vera recordó fue realizado durante marzo y estuvo centrado en la situación laboral de las mujeres. El dato que más impacto generó, según relató, fue encontrar mujeres que tenían tres, cuatro o hasta cinco trabajos.
La situación no aparece de la misma manera en todos los sectores. En el caso de mujeres con formación profesional, Vera puso el foco en la falta de reconocimiento económico del trabajo de cuidados que realizan dentro de sus hogares. En sectores más vulnerables, en cambio, describió una mayor presencia de empleos informales y de ingresos reducidos que obligan a sumar actividades para completar el presupuesto.
“Era tan poquito lo que ganaban en cada uno de los trabajos que no les alcanzaba a cubrir las necesidades básicas”, explicó. Dentro de ese relevamiento también señaló dificultades entre trabajadoras de casas particulares y trabajadoras rurales respecto del cumplimiento de los ingresos establecidos legalmente.
El dato adquiere otra dimensión cuando se lo vincula con el costo de vida: para Vera, aun cuando una persona tenga más de una fuente de ingreso, la suma puede no ser suficiente para cubrir las necesidades básicas de una familia.
Cuando estudiar también depende del ingreso familiar
La situación económica también atraviesa a los jóvenes. Vera sostuvo que en algunos hogares los estudiantes comenzaron a salir a trabajar para poder sostener sus estudios y que también detectaron casos de jóvenes que directamente dejaron de estudiar para aportar dinero a sus familias.
El planteo muestra otra consecuencia del deterioro de los ingresos: no solamente cambia qué se compra, sino también cómo se distribuye el tiempo de los integrantes de una familia y qué proyectos pueden sostenerse.
Para Amas de Casa, el problema del ingreso insuficiente termina repercutiendo en diferentes aspectos de la vida cotidiana, desde la alimentación y los servicios hasta la educación.
Los datos de inflación permiten medir cuánto aumentaron los precios durante un determinado período, pero no necesariamente muestran por sí solos cómo una familia reorganiza sus decisiones.
En San Juan, el relato de Amas de Casa pone el foco precisamente en esa parte de la economía cotidiana: familias que compran según el dinero disponible, reemplazan marcas, buscan ofertas, comparan comercios y utilizan distintas formas de financiamiento para sostener gastos que antes podían afrontar con sus ingresos.
El resultado es una transformación silenciosa del consumo. Ya no se trata solamente de cuánto cuesta un producto, sino de cuánto dinero hay disponible para comprarlo.
En ese escenario, el endeudamiento aparece como una herramienta para resolver el presente, pero también como una obligación que puede condicionar los meses siguientes. Y mientras las familias reorganizan el presupuesto, algunas buscan nuevas fuentes de ingreso, otras reducen consumos y otras recurren al crédito para llegar a fin de mes.
La fotografía del bolsillo sanjuanino, según la mirada de Amas de Casa, se construye así entre precios, ingresos y deudas: comprar lo necesario con el dinero disponible y decidir cada mes qué puede esperar y qué no.
Por Gabriel Rotter.