Sus dichos fueron apenas unos segundos después de asegurar que tanto él como su equipo están absolutamente convencidos de llevar adelante un ajuste fiscal que tenga “mucho de motosierra y mucho de licuadora”. “Si lo queríamos hacer rápido había que usar las dos cosas”, explicó.
Luego mencionó una de las primeras medidas que tomó al asumir y dijo estar orgulloso de haber tomado esa decisión: “Eliminamos la obra pública de cuajo, algo de lo cual estoy profundamente orgulloso siendo que la obra pública es una gran fuente de corrupción, de robo, a la cual me imagino que toda la gente de bien debería oponerse”.
En el comienzo de su discurso, el jefe de Estado realizó un repaso por la herencia recibida del kirchnerismo: “Siempre estuvimos preparados para recibir esta papa caliente, y eso lo pueden ver, porque si no hubiéramos tomado medidas rápidas ya habríamos volado por los aires varias veces. Cuando ustedes tienen déficit gemelos por 4 puntos del PBI, es una alerta amarilla. Si tienen 8 puntos del PBI, no solo que es alerta roja, sino que se van a pegar una piña importante. Bueno, nosotros recibimos de herencia déficit gemelos por 17 puntos del PBI. Más o menos para que tengan un orden de magnitudes del desastre que hemos recibido”.
En la misma línea, continuó: “El tamaño de la piña iba a ser colosal, básicamente la herencia tenía lo peor de las tres peores crisis de Argentina. Tenía un desequilibrio monetario que era peor que el que teníamos en la previa del rodrigazo, en el año 75. Teníamos un desequilibrio en el balance del Banco Central que era peor que el que tuvo Alfonsín a inicios del año 89, que terminó en la hiperinflación. Y los indicadores sociales peores que el año 2001, es decir, la previa de la crisis del 2002. Era la suma de todos los males literalmente”.
Y agregó: “Ese déficit gemelo de 17 puntos del PBI se componía básicamente de 15 puntos del déficit fiscal consolidado. Donde esos 15 puntos, 5 correspondían al Tesoro y 10 correspondían al Banco Central. Es más, para tener un orden de magnitudes del desastre que recibimos, básicamente, si bien durante todo el gobierno anterior se utilizó la emisión monetaria para financiar el desequilibrio fiscal, por 28 puntos del PBI, esos 28 puntos, 13 tuvieron lugar el último año”.
Ante esto, Milei ratificó que la Argentina iba camino a la hiperinflación y que su objetivo era evitarla: “Era necesario generar un programa de estabilización bien duro, programa que nosotros lo teníamos y que recién lo pudimos anunciar en el tercer día porque teníamos la cuestión de los nombramientos en el Banco Central. Y básicamente tenía los tres elementos fundamentales que tiene cualquier programa de estabilización, que era un ajuste fiscal, una corrección cambiaria y la definición de una nueva política monetaria”.
Sobre esta idea, prosiguió: “Lo fundamental era terminar con la emisión monetaria para que no hubiera convalidación de la suba de precios y que eso no terminara escalando y generando la hiperinflación. En ese sentido, junto a la devaluación, que se sinceró, porque básicamente lo único que hicimos fue llevar el tipo de cambio al tipo de cambio de mercado ajustado por impuesto país, y en ese contexto, en el plano fiscal, decidimos ir a lo que se denomina la política de déficit cero, pero déficit cero en serio, no mentiroso, es decir, déficit cero en la línea del resultado financiero, es decir, después de pagar intereses. Eso es muy importante porque si nosotros alcanzábamos el déficit cero en la línea financiera, significa que la deuda no crece más, y si la deuda no crece más, la relación deuda-producto es no creciente, por ende, uno se convierte en solvente intertemporalmente y la consecuencia de ello es que empieza a caer el riesgo país y bajar la tasa de interés, y la tasa de interés recobra su función esencial, que es la de ser un mecanismo de coordinación intertemporal, y que el proceso de crecimiento guarde relación justamente con la tasa de interés, natural de interés, es decir, la del mercado, no la que un burócrata puede manosear desde el Banco Central”.