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La serie "Graduados" cerró un año increíble en la pantalla de Supercanal

Fue lo más visto del 2012 y el cierre estuvo colmado de familias de todas las edades en la sala del Gran Rex. El último capítulo tuvo picos de 36 puntos de rating.

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En la sala colmada de público joven, hubo familias con hijos pequeños, grupos de púberes y madres custodiando a sus hijas enfundadas en remeras, o portando vinchas estampadas con el logo del programa, siendo los invitados más numerosos y entusiastas de la gran celebración realizada para despedir al envío.

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Si bien la transmisión en vivo por la pantalla de Telefé comenzó a las 21.30, el conductor Marley salió a escena con su eficaz torpeza apenas pasadas las 21, para ensayar con el público algunas cuestiones técnicas, todo en un clima de festividad relajada, como el que signó al envío.

Un total de 180 actores, 5000 extras y 70 figuras invitadas especiales trabajaron durante los 270 capítulos, para construir una trama que honró la amistad y los vínculos de horizontalidad, con la estética y la música de los 80 como recursos narrativos, capaces de seducir y transformar en “voyeurs” a los más chicos.

La lealtad que el producto despertó en la gente quedó plasmada en la platea y en las dos bandejas superiores del teatro atestadas, más una importante cantidad de fans quienes sin poder ingresar a la sala del centro porteño, esperaron la llegada de los actores en la calle, bajo la lluvia.

La tira escrita por Ernesto Korovsky, Silvina Frejdkes y Alejandro Quesada, con dirección de Miguel Colom, narró la historia de Loli Falsini (Dupláa) y Andrés Goddzer (Hendler), dos compañeros de secundario quienes se miraban con ganas desde lejos, para descubrir años después una verdad de las pocas capaces de cambiar la vida.

El respeto hacia la regla de mantener los finales felices y el espíritu lúdico tiñeron el último capítulo, en el cual se apostó a recrear con mirada humorística y argentina el mito del eterno retorno, que puede asegurar la juventud de personas y de vínculos.

El cuento concluyó en el mismo escenario donde había comenzado, una fiesta del colegio secundario, sólo que 20 años después, como si intentara subrayar que algunas cuestiones mantienen la mística intacta.

Y entre luces colgantes y con la bella canción “Los dinosaurios” interpretada por su autor Charly García como telón de fondo, cada enamorado terminó en los brazos donde deseaba recalar, para delicia de una platea feliz, libre de histerias.

La escena en la cual Loli y Andrés se escapan de la celebración, aunque esta vez bajo la conmovida mirada del hijo de ambos (Gastón Soffritti), quien fue concebido por aquellos hace dos décadas, fue saludada por aplausos y suspiros en la sala.

La recreación en espejo de algunas historias, como la de los padres judíos de Goddzer (los geniales Mirtha Busnelli y Roberto Carnaghi) que parecen continuarse en el matrimonio de Gaby (Urtizberea), la hija de ambos con Marito (Sabbagh) un buen chico de la cole, también pareció apuntar a mantener a todos jóvenes.

El amor incluso alcanzó al consagratorio doble personaje de Isabel Macedo (Patricia en su versión estilizada y ejecutiva y la obesa Jimena en la escuela y en el desenlace) que armó una pareja feliz con Pablo (Luciano Cáceres), el ex de Loli.

Este juego donde las distancias entre público y actores amenazaron con borrarse ya que todos pertenecen al bando de “los chicos, los amigos” desplegó su magia cuando al finalizar el envío, gran parte del elenco copó el escenario, pasada la medianoche.

“¿Dónde está, y Tuca dónde está?” la gente preguntaba a gritos, en alusión al personaje encarnado por Mex Urtizberea, mientras Dupláá justificaba las ausencias desde el escenario, ya que también faltaron al convite la Dra. Lauría (la talentosa Paola Barrientos) y Vero (Julieta Ortega).

Este diálogo a los gritos y con cantitos futboleros le otorgó a la velada una impronta de cercanía, como si pasara en el living de una casa cualquiera, más allá de los disparos de los flashes de los celulares, desde y hacia el escenario.

Tan juntos y tan parecidos a la gente que prendió el televisor para disfrutarlos todas las noches son los personajes de “Graduados” que se permitieron un pogo alegre sobre las tablas y hasta hicieron espacio y pidieron un aplauso para Max Berliner, quien fue un abuelo muy especial en la tira.

Un cameo de Sebastián Ortega, creador del envío, que lo mostró saliendo de la camioneta de Vero y dejándola llena de humo, precedió a la fuga de los protagonistas principales.

Los temas del viaje, la imagen de la ruta y el camino que se abre generoso, tan caros al imaginario ochentoso, conformaron un epílogo digno de este programa, que será recordado por otros “graduados” quienes, desde sus refugios cotidianos extrañarán su complicidad diaria.

Télam