Améndola sostuvo que quedó probado que esa madrugada no hubo ninguna agresión ni un arma en manos de Díaz, y que el músico fue el único que disparó. Descartó así la legítima defensa y también el exceso en la defensa: para la querella, el hecho encuadra en homicidio simple agravado por el empleo de un arma de fuego, con dolo directo y cuatro disparos a menos de 60 centímetros. "Es desproporcional dispararle a la cara a una persona", afirmó, y remarcó que Álvarez tuvo la oportunidad de detenerse y siguió.
Entre las agravantes mencionó la naturaleza de la acción y la edad (8 años) que tenía la hija de Díaz al momento del crimen, ocurrido en 2018. También se refirió al consumo de sustancias: dijo que quedó descartada una intoxicación aguda y habló de un daño crónico.
En cambio, valoró el arrepentimiento que el imputado mostró en su declaración y el ofrecimiento de reparar el daño. "No propinamos una condena ejemplificadora o de venganza", aseguró antes de pedir que, en caso de condena, siga detenido en su casa y con salidas laborales y para tratamientos médicos: "Es necesario por su salud".
La audiencia tuvo otro eje explosivo. El tribunal recibió el informe del Juzgado Civil N° 4 que confirmó que Álvarez dio positivo de cocaína en un estudio practicado el lunes, después de declarar y de volver al centro de salud mental Solar Colonial de Castelar.
Según ese reporte, el músico consumió en el Palacio de Justicia: dijo que le dieron dos bolsas y que una la tomó allí y la otra la llevó consigo. El juez Goerner calificó el episodio de "gravísimo" y adelantó que el tribunal pedirá informes para saber si se denunció el suministro de estupefacientes.
El fiscal general Sandro Abraldes fue más lejos: habló de una "hipótesis delictiva concreta", anunció que presentará una denuncia ante la Unidad Especializada en Estupefacientes y anticipó que reclamará investigar al "entorno familiar y profesional" del imputado para determinar quién le acercó la droga en plena audiencia. Para el ministerio público, se trata de un hecho de suma gravedad porque ocurrió durante el debate y porque el tribunal había tomado recaudos para que el acusado declarara de forma remota.
La reacción de la defensa fue inmediata. Javier Baños, uno de los abogados del músico, se sintió agraviado por el anuncio del fiscal y pidió que, si se abre una investigación contra su parte, también se revise "la conducta del señor fiscal". El cruce entre las partes marcó el clima de una jornada que había comenzado con el alegato de la querella, el primero de los tres previstos antes del veredicto.
Antes, la última testigo del juicio había sido la hermana del imputado, Silvana Álvarez, que declaró durante casi 40 minutos y terminó llorando. Contó que el músico era hostigado por un grupo que se reunía debajo de su edificio en el barrio Samoré, que Díaz formaba parte de esa ronda y que, según su hermano, le vendía pasta base. "Nunca lo vi pelearse", afirmó, y les pidió disculpas a los familiares de la víctima. El juicio seguirá el 11 de noviembre con el alegato de la fiscalía y el 13 con el de la defensa. Después el tribunal fijará la fecha del veredicto.