Los organismos encargados del seguimiento informaron que la tobillera electrónica no registró alertas entre el 16 de junio y el 31 de julio. En agosto, los movimientos detectados estuvieron relacionados exclusivamente con la salida autorizada para la consulta odontológica y su posterior regreso al domicilio.
También se realizaron controles presenciales sin previo aviso. La Dirección de Control y Asistencia de Ejecución Penal visitó el domicilio el 27 de julio, 13 de agosto y 9 de septiembre. Según los informes incorporados al expediente, Cristina Kirchner respondió a los requerimientos y mantuvo un trato cordial con los profesionales.
El régimen de visitas también fue supervisado mediante controles periódicos y la revisión del registro de ingresos y egresos. El tribunal detectó solamente una demora de diez minutos en la salida de una visitante, situación que fue informada y explicada ante el juzgado.
Para el juez, ese episodio no modificó la evaluación general sobre el cumplimiento de las condiciones impuestas.
Durante el período analizado, la ex presidenta continuó realizando dentro de su vivienda actividades que habían sido autorizadas previamente, entre ellas lectura, ejercicio y clases de inglés y chino mandarín.
Los controles también contemplaron cuestiones vinculadas con su atención médica, entre ellas un tratamiento dermatológico, análisis de laboratorio realizados en el domicilio y la medicación correspondiente a una afección de tiroides.
Con esta nueva revisión, el Tribunal Oral Federal 2 resolvió mantener el régimen de prisión domiciliaria y continuar con los controles electrónicos y presenciales en las condiciones ya establecidas.
Cristina Kirchner cumple esta modalidad desde el 17 de junio de 2025, cuando comenzó a ejecutar la condena firme de seis años de prisión por administración fraudulenta en perjuicio de la administración pública en la causa Vialidad.