Adelgazar con inyecciones: qué factores explican los resultados desiguales
Un estudio identificó factores genéticos y clínicos que explican por qué algunos pacientes logran grandes resultados con fármacos GLP-1 y otros casi no bajan.
Un nuevo estudio del Instituto de Investigación 22andMe, publicado en la revista Nature, puso el foco en una de las principales incógnitas de los tratamientos para adelgazar con medicamentos: por qué los resultados varían tanto entre personas.
Los datos son claros. Aunque la pérdida de peso promedio ronda el 10,2%, la dispersión es significativa:
Solo el 4,9% de los pacientes logra bajar más del 25% de su peso
Mientras que el 32,2% pierde menos del 5% o incluso aumenta
El análisis incluyó a 27.885 personas que utilizaron fármacos como Ozempic, Wegovy y Mounjaro, entre otros. Los investigadores detectaron que no todos responden igual, incluso bajo el mismo tratamiento, y que esa diferencia se explica por múltiples factores:
Sexo: las mujeres presentan mayor eficacia
Tipo de fármaco: no todos actúan igual
Origen: mejores resultados en población europea que en latina o afroamericana
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El rol de la genética
El hallazgo central del estudio apunta a dos genes clave:
GLP-1R: asociado a una mayor pérdida de peso
GIPR: vinculado a una mayor probabilidad de efectos adversos
Quienes presentan ciertas variantes del gen GLP-1R responden mejor al tratamiento, mientras que variantes en GIPR podrían explicar por qué algunos pacientes sufren más náuseas u otros efectos secundarios. Según los autores, estas variantes están directamente relacionadas con el mecanismo de acción de los medicamentos, lo que abre la puerta a tratamientos más personalizados.
La otra cara: náuseas y vómitos
El estudio también advierte sobre el reverso de esa mayor eficacia. Las mismas regiones genéticas asociadas con una mayor pérdida de peso aparecen vinculadas a un aumento del riesgo de efectos adversos gastrointestinales. En particular, los investigadores identificaron variantes cercanas al gen GLP1R que incrementan de manera significativa la probabilidad de náuseas y vómitos durante el tratamiento.
Una de esas variantes se asoció con un 57% más de riesgo de vómitos, mientras que otra elevó en un 36% la probabilidad de náuseas. Según reconoció Auton en la nota publicada por Nature, “la asociación genética con los efectos secundarios fue más fuerte que la observada con la pérdida de peso”.
El trabajo describe además un hallazgo específico para la tirzepatida, un fármaco que actúa sobre dos receptores hormonales. En quienes utilizaron esa droga, una variante en el gen GIPR se vinculó con un 83% más de riesgo de vómitos, un efecto que no se observó en los usuarios de semaglutida. Para los autores, este resultado refuerza la idea de que el perfil genético puede interactuar de manera distinta según el medicamento.
Aunque el análisis no partió de genes preseleccionados, los investigadores destacaron que las variantes identificadas afectan directamente a los receptores que constituyen el blanco farmacológico. “Cuando se encuentra una variante genética en el objetivo mismo del fármaco, eso tiene mucho sentido biológico”, explicó Auton. “Ahí supimos que íbamos por el camino correcto”.
Pese al interés que despertó el estudio, tanto sus autores como especialistas externos subrayaron la necesidad de no sobredimensionar sus implicancias inmediatas. El trabajo no propone la realización de estudios genéticos previos a la indicación de estos medicamentos ni sugiere cambios en la práctica clínica actual.
Más allá de la genética
A pesar del avance científico, los especialistas remarcan que los medicamentos no actúan de forma aislada. La respuesta al tratamiento también depende de factores clave como:
Alimentación
Actividad física
Adherencia al tratamiento
En ese sentido, el estudio refuerza una idea central: los fármacos pueden ser una herramienta eficaz, pero el estilo de vida sigue siendo determinante para sostener la pérdida de peso en el tiempo.