El quiebre más grande de su carrera llegó el 15 de marzo de 2020, cuando se clasificó a los Juegos Olímpicos de Tokio en el Preolímpico Panamericano de Ottawa, Canadá. Con esa clasificación, Destribats se convirtió en el primer luchador olímpico argentino del siglo XXI, ya que ningún hombre argentino clasificaba a unos Juegos Olímpicos en esta disciplina desde Atlanta 1996, cuando lo había hecho Paulo Ibire, 25 años antes.
Para llegar a ese nivel, Destribats se entrenó en países de culturas e idiomas muy distintos entre sí, como lo son Cuba, Estados Unidos, Alemania, Irán y Rusia. Su experiencia más marcante fue en Majachkalá, en el Cáucaso musulmán ruso, donde vivió con estadías intermitentes durante tres años, una experiencia que él mismo señala como clave para forjar su capacidad de adaptación a contextos adversos.
Su palmarés lo distingue como un caso único en el deporte argentino: es el único luchador con cinco medallas de oro panamericanas en la historia del país. En los Juegos Suramericanos, viene de una progresión ascendente. Se colgó la medalla de plata en Cochabamba 2018 y oro en Asunción 2022, título que hoy busca revalidar en Rosario. En 2025 sumó, además, la primera medalla dorada panamericana de la historia para la lucha libre argentina en el Panamericano de Monterrey, venciendo en la final al estadounidense Joey McKenna.
Fuera de la pista, Destribats no esquiva la crudeza de la realidad de su disciplina en el país: "Es un deporte que no se conoce tanto en Argentina, por lo tanto no tenemos sponsors", explicó en una entrevista reciente, y agregó que muchos atletas deben resignar trabajo y sueldo para poder competir.
En Rosario, Destribats sumó un nuevo capítulo a esa historia: se consagró campeón en la categoría 65 kilos de lucha libre de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, revalidando el tan mencionado oro que ya había ganado en Asunción 2022.
FUENTE: TyC sports