En el estudio, más de 200 especialistas de 23 universidades y centros de investigación españoles evidencian, por primera vez, de forma sólida, que esa estrategia combinada es eficaz para reducir el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
La investigación
El citado estudio que lleva más de dos décadas activo, ya había demostrado que una dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva virgen extra o frutos secos reducía la incidencia de diabetes en un 30% en comparación con una dieta baja en grasas. Sin embargo, esta reducción se observó con una disminución apenas perceptible del peso corporal.
A partir de ese conocimiento, el estudio planteó una intervención sobre el estilo de vida más intensiva, con el objetivo de evaluar si pudiera aportar beneficios adicionales frente a otro tipo de estrategias menos intensivas. Esta estrategia se basa en la pérdida de peso mediante una dieta mediterránea ligeramente hipocalórica -rica en fibra y de bajo índice glucémico- combinada con la promoción de la actividad física y apoyo conductual.
El estudio ahora publicado incluyó a 4.746 participantes de entre 55 y 75 años con sobrepeso u obesidad y síndrome metabólico y que no padecían enfermedades cardiovasculares ni diabetes al inicio. Los participantes fueron asignados al azar a uno de los dos programas: uno estaba enfocado en seguir la dieta mediterránea sin promocionar actividad física ni perseguir una reducción calórica de la dieta, y otro era conductual enfocado a conseguir una pérdida de peso mediante una dieta mediterránea reducida en calorías y mayor actividad física.
Los resultados
Luego de seis años de seguimiento, los expertos observaron que los participantes sin diabetes al inicio asignados al grupo de intervención intensiva (dieta mediterránea y actividad física) mostraron una mayor adhesión a la dieta mediterránea, aumentaron su actividad física, perdieron más peso y necesitaron menos medicamentos para el control de su glucosa durante el seguimiento una vez diagnosticados de diabetes.
Además, el riesgo absoluto de desarrollar diabetes fue del 12% en aquellos participantes que siguieron solo la dieta mediterránea, frente al 9,5% de aquellos asignados a la intervención intensiva. Esta última estrategia redujo en un 31% los nuevos casos de diabetes en comparación con la dieta mediterránea sin restricción calórica ni recomendaciones de ejercicio.
Los profesionales del equipo de investigación concluyen que los alimentos y nutrientes que componen la dieta mediterránea actúan de forma sinérgica a través de diferentes mecanismos implicados en la diabetes tipo 2 tales como reducir la resistencia a la insulina, la inflamación y el estrés oxidativo. Estos efectos se ven potenciados por la actividad física y la pérdida de peso. Además, al tratarse de una dieta sabrosa, sostenible y culturalmente aceptada, puede convertirse en una estrategia ideal a largo plazo para la prevención de enfermedades cardiometabólicas.