Resulta muy difícil determinar de forma taxativa los rangos precisos. Hay adultos jóvenes que duermen cinco horas y les resulta perfecto, mientras que otros necesitan dormir nueve. Depende más bien de las señales que indican que no estamos descansando lo suficiente, como cuando uno se siente somnoliento e irritable durante el día.
Así mismo, cuando alguien se despierta en la mañana y a los pocos minutos vuelve a quedarse dormido, posiblemente no haya tenido un descanso nocturno satisfactorio.
La National Sleep Foundation (NSF) presentó un listado con los mínimos y máximos de horas de sueño adecuados según la edad. El mismo se basa en las investigaciones científicas más recientes al respecto.
Recién nacidos (0-3 meses): entre 14 y 17 por día.
Bebés (4-11 meses): entre 12 y 15 horas diariamente.
Niños pequeños (1-2 años): entre 11 y 14 horas.
Infantes en edad preescolar (3-5): entre 10 y 13 horas.
Edad escolar (6-13): de 9 a 11 horas.
Adolescentes (14-17): entre 8 y 10 horas.
Adultos más jóvenes (18-25): de 7 a 9 horas.
Mediana edad (26-64): entre 7 y 9 horas.
Tercera edad o adultos mayores (65 o más): entre 7 y 8 horas.
Los bebés necesitan dormir más que los adultos porque esto es esencial para su adecuado desarrollo físico y psicológico. Durante el sueño, en el organismo de los niños hay mayor producción de la hormona de crecimiento. Esta es fundamental para modular el crecimiento de los órganos y la maduración del sistema nervioso.
Así mismo, los bebés y los niños están en permanente proceso de aprendizaje. Solo mediante el sueño logran organizar y fijar la información que han recibido durante el día.
A su vez, durante la adolescencia hay un desajuste temporal del ciclo circadiano, que es una especie de reloj biológico interno. Esto los lleva a que tiendan a dormirse más tarde en la noche y, por lo mismo, tienen más problemas para madrugar.
Fuente: Mejor con salud