- Fortalece el sistema inmune. Un estudio publicado en la revista Plos One comprobó que, de una muestra de 3.018 participantes, el absentismo laboral por enfermedad se redujo en un 29% en el grupo que siguió un régimen de duchas frías.
- Activa la circulación sanguínea, ya que los vasos sanguíneos se contraen y el pulso se acelera.
- Evita la aparición de varices y celulitis. Dado que estimula la circulación, el agua fría también alivia la sensación de piernas cansadas y combate la retención de líquidos.
- Después de un entrenamiento duro o en aquellas personas que practican running, alivia la inflamación muscular y ayuda a la recuperación del rendimiento.
- Despeja la mente. Esto es así porque el cuerpo responde al frío para mantener la temperatura corporal.
- Incrementa la energía. Esto es debido a que las terminaciones nerviosas de la piel se activan como respuesta al frío.
- Refuerza el sistema cardiovascular y mejora la función cardiaca. Del mismo estudio anterior también se extrajo que la exposición al frío produce una vasodilatación compensatoria en el sistema vascular más profundo, lo que resultó en un aumento del flujo sanguíneo a los tejidos subyacentes al sitio de exposición.
- Es bueno para el pelo. Ayuda a cerrar los poros capilares y limpiar profundamente el cuero cabelludo.
- Es bueno para la piel. El agua caliente reseca la piel, mientras que el agua fría la descongestiona, desinflama y activa la circulación. Como consecuencia, tanto la piel del rostro como de todo el cuerpo se verá más firme, elástica y luminosa.
Según las recomendaciones, esta terapia puede probarse con duchas empezando con agua templada y pasar a fría (15 grados) unos minutos y así progresivamente hasta tolerar el baño completo. Tal vez la cercanía de los meses de calor en el hemisferio sur sea una buena oportunidad para intentar ponerlo en práctica.