El primer hecho tuvo lugar en el barrio Manantiales. Un hombre denunció que su expareja no permitía que los hijos en común tuvieran contacto con él y la justicia intervino por "impedimento de contacto". La separación se había producido en 2015, pero la relación se fue agravando con el tiempo. El problema es que desde enero no podía ver a sus dos hijos preadolescentes, porque la madre no los dejaba. Harto de la situación, el padre denunció en CAVIG la situación y las autoridades del Ministerio Público le dieron lugar a la denuncia.
En abril de este año, el fiscal Miguel Gay solicitó un allanamiento en la vivienda de la mujer ubicada en el barrio Manantiales. Cuando ingresaron se encontraron con el peor panorama. La casa era un desastre, los niños estaban "opacados", la mujer no abría la puerta nunca, los niños recibían alimento por la ventana, de parte de los vecinos. Una situación difícil que no tenía solución.
Ante semejante panorama ineludible, la Justicia ofició el traslado de la mujer al Hospital Marcial Quiroga para su atención médica. Lo que ocurría era que, la docente involucrada estaba medicada y permanecía "perdida", según manifestaron los investigadores a sanjuan8.com. Luego de realizar las actuaciones previstas por el sistema acusatorio oral, se le otorgó la guarda provisoria al padre, a sabiendas que la mujer no podía seguir haciéndose cargo de ambos hijos.
Por un golpe, perdió la tenencia
El segundo caso se registró hace un par de días cuando, una mujer fue denunciada por el padre de su hija de 9 años por haberla golpeado en el rostro en una discusión. La niña le había pedido a las autoridades de Menores que quería vivir con su padre y recibir visitas de su madre, con quien no congeniaba. Así lo resolvió el juez de Menores, Jorge Toro, en las últimas horas.
Mientras tanto, CAVIG se encargó de juzgar las lesiones y la mujer recibió una condena de 6 meses de cumplimiento condicional. Por lo que pudo saber sanjuan8.com, la mujer no se resistió al fallo y quedó de acuerdo, expresando que la niña era "muy rebelde" y que ella no podía controlarla.
De hecho, aceptó que le había pegado, pero sin querer porque tenía la intención de agarrarla del brazo y zamarrearla. Aunque, según los peritos, la menor tenía marcas en el contorno de su rostro, como de uñas. Pese a la condena, aceptó quedarse sin la tenencia.
Leé el caso completo