“Mi papá hace tres semanas está encerrado en su casa, porque está prohibido que la gente mayor circule por la calle; los abuelos son el grupo más vulnerable y no hay más lugares en los hospitales”, Noelia (reservamos su identidad por pedido de la protagonista) lamenta cómo su vida ha cambiado de la noche a la mañana. Ya no ve gente caminando por las calles de Varese, al Norte de Italia, donde vive; ya no puede hacerse una escapada por algunos de los bellísimos lugares cercanos al país. Desde que su región fue declarada zona roja, luego pasó con todo el país, ya nada fue igual. Ya no puede salir a jugar con sus dos bellos hijos, y ellos dejaron de ir al colegio.
Su descargo pasa por la poca seriedad y preocupación que le pusieron a la situación las autoridades italianas. “El gobierno había tomado medidas demasiado blandas. No hubo seriedad ni por parte del pueblo, ni de los gobernantes. Como al principio nadie le dio importancia ni peso a la situación, todo se fue de las manos”, lamentó.
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La exigencia en Italia es clara. No pueden circular libremente por la calle a cualquier hora, ni hacer lo que quieren. Sólo pueden salir para trabajar y para abastecerse, hasta las 18, horario en el que las puertas de todas las viviendas deben cerrarse, como si fuera un toque de queda.
“Mi suegro hace cuatro semanas entró al hospital y ayer le querían dar el alta. Tuvo una pulmonía y su familia no quería que lo mandaran a la casa sin oxígeno, como iban a hacer; porque le quieren dar prioridad a la gente joven. Lamentablemente, los médicos se ven obligados a elegir a quien salvar”, relató.
El miedo por la situación se escucha en su voz. Noelia no es cualquier trabajadora en estos momentos, porque ella cumple su rutina laboral en el aeropuerto de Malpensa, con 40 personas que permanecen varadas durante horas ahí, con la obligación de tomar las medidas que les marcan. Trabajan con máscaras y guantes, se posan a uno o dos metros de distancia para dialogar y tienen prohibido tocarse, besarse o abrazarse. “Pero hace poco nos decían que era una simple gripe”, reclamó.
La situación en el aeropuerto es crítica. Todo comenzó con la cancelación de varios vuelos porque la gente no quería arriesgarse, cuando se conocieron las primeras informaciones trágicas sobre lo que provocaba el coronavirus en ese país.
Noelia trabaja en el sector de perfumería, en el beauty free, del aeropuerto internacional del Norte del país. "Mi trabajo no es fundamental para el funcionamiento del aeropuerto. En este momento, en donde hay emergencia nacional, no nos explicamos por qué no nos dejan quedarnos en nuestro hogar, para evitar contagios", dijo.
En ese contexto, aguardan un decreto nacional para que las personas que se encuentran en esa situación puedan tomar un permiso de trabajo. "Sobre todo los que tenemos hijos. Dicen que a los niños les afecta de manera más leve, pero qué sería de ellos si nos pasa algo a nosotros. No tengo quién se quede con ellos, no podes dejarlos con cualquier persona, menos con sus abuelos".
Su marido también tiene riesgo de exposición porque es dentista. Para su lamento, no puede dejar de trabajar porque está inmerso en la actividad privada, pero guarda peligro de contagio. Los niños no van al colegio desde hace algunas semanas, pero el miedo siempre está latente. Estamos tratando de cuidarlos a todos porque nadie está exento. Nos han escondido muchas cosas. La transmisión es muy fuerte y el contagio es alto. La situación es grave y se necesita maquinaria de oxígeno y no son suficientes. "Llegamos a casa cada día, con el riesgo de haber llevado bichos". La situación es muy traumática y no termina.