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La historia del Oso ladrón: dos condenas y cuatro robos en 10 meses
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La historia del "Oso" ladrón: dos condenas y cuatro robos en 10 meses

Oscar Limoye, fue detenido nuevamente por la Brigada de Investigaciones Oeste. Tenía un pedido de captura vigente, al menos tres hurtos recientes encima y un historial que la Justicia sanjuanina ya conoce de memoria.

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Hay nombres que se repiten en los legajos judiciales. El de Oscar Sergio Limoye —"el Oso", como lo conocen— aparece una y otra vez vinculado a la misma historia: entra a un comercio, espera el momento y se lleva lo que puede. Tiene 44 años, un prontuario extenso y acaba de ser detenido por tercera vez en menos de un año.

Esta vez fue la Brigada de Investigaciones Oeste la que lo encontró. Los efectivos venían siguiéndole el rastro tras analizar las cámaras de seguridad de varios comercios que habían sufrido hurtos en distintos departamentos. La pista los llevó hasta la intersección de calles Doctor Ortega y Francia, en Rawson, donde lo interceptaron en la vía pública. Tenía además un pedido de captura vigente emitido por la Justicia. Le secuestraron la ropa que habría usado en algunos de los hechos: un pulóver gris, un jean azul claro y zapatillas negras.

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Quienes lo investigan describen a Limoye como un ladrón metódico. Ingresa a los locales como un cliente más, recorre el lugar, identifica el momento en que el vendedor está distraído y actúa. Rápido y sin violencia. En los tres hurtos que motivaron esta última investigación —todos cometidos en diferentes departamentos— la mecánica fue exactamente esa.

En 9 de Julio se llevó una batería. En Rawson, una pulidora de mano. En Rivadavia, un tacho de 20 litros de pintura. Objetos de valor moderado, fáciles de cargar y de vender. Nada que llame demasiado la atención mientras sale por la puerta.

Lo que sí llamó la atención de los investigadores fue otra cosa: "el Oso" no usaba su propio vehículo para moverse. Contrataba remises y autos por aplicación, una estrategia deliberada para no dejar rastro propio en la zona de los hechos. Sin embargo, eso también quedó registrado en las cámaras, y fue precisamente ese detalle el que en más de una ocasión lo terminó hundiendo.

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Para entender quién es Limoye hay que repasar lo que pasó en el último año, porque la historia de esta detención no empieza hoy.

En junio del año pasado entró a una ferretería en La Bebida, Rivadavia. Lo hizo con el casco puesto —nunca se lo sacó— y aprovechó un descuido de la vendedora para llevarse un cargador recargable, dos cajas de parches de bicicleta y un contavuelta. Días después repitió la jugada en una distribuidora de Rawson: entró, tomó un cajón con 12 cervezas marca Iguana y se fue. Las cámaras de ambos locales lo registraron con la misma ropa. Cuando la Policía fue a su domicilio, encontraron las prendas, el casco y las cervezas todavía ahí. En julio fue condenado por juicio abreviado a cinco meses de prisión efectiva por esos dos hechos.

Salió y volvió a robar. En noviembre, esta vez en Capital, ingresó a un comercio cercano al Conector Sur y se llevó dos garrafas. La dueña no lo vio: se enteró por una clienta que lo había visto salir con los envases.

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Las cámaras captaron su cara y también el remis en el que escapó. Los investigadores de la Unidad de Apoyo Investigativo identificaron el vehículo, hablaron con el conductor y llegaron a Limoye. Una de las garrafas fue recuperada y devuelta a su dueña. En ese caso la condena fue de ocho meses de prisión efectiva, con declaración de reincidencia. Volvió al Penal de Chimbas. Y ahora cayó de nuevo.

Con esta nueva detención, la UFI Delitos contra la Propiedad ordenó la unificación de todas las causas en las que figura Limoye, incluyendo expedientes que tramitaban las comisarías 25ª y 28ª, para establecer si participó en otros hechos similares que aún no están esclarecidos. Quedó detenido mientras la investigación avanza.

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El fiscal interviniente tiene ahora sobre la mesa un caso que, más allá de los objetos robados —una batería, una pulidora, un tacho de pintura, unas cervezas, dos garrafas— plantea una pregunta que el sistema judicial deberá responder: cuántas veces puede reincidir un mismo hombre antes de que la respuesta cambie.

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