Tagliafico explicó que Argentina se siente cómoda cuando tiene la pelota y puede imponer las condiciones del partido. Sin embargo, reconoció que el equipo debe mejorar cuando el rival consigue quitarle ese control.
“Nosotros somos un equipo que nos gusta tener la posesión de la pelota, nos gusta controlar el juego y cuando, lamentablemente, nos sacan el control del juego, somos un equipo que tiene que jugar compacto, y no somos los mejores en eso”, sostuvo.
La frase pone el foco en una faceta menos visible del funcionamiento de la Albiceleste. Dominar la pelota y generar situaciones de gol es una de sus principales fortalezas, pero también necesita respuestas cuando el partido se vuelve incómodo, el rival presiona y obliga a defender durante períodos prolongados.
En ese contexto aparece la discusión sobre los amistosos frente a selecciones de menor jerarquía. Argentina puede ganar y mostrar su superioridad, pero esos encuentros no siempre ofrecen la exigencia necesaria para probar cómo responde ante adversarios capaces de disputarle el control.
Eso no significa que los resultados obtenidos frente a esos rivales carezcan de valor. La cuestión es si la planificación permite preparar al equipo para distintos escenarios, especialmente ante selecciones de primer nivel.
El otro tema que abordó Tagliafico fue el campeonato argentino. El defensor también puso en discusión el formato de 30 equipos y su atractivo para quienes siguen el fútbol desde el exterior.
La estructura del torneo, con zonas, cruces y varios campeones a lo largo de la temporada, alimenta una discusión que va más allá de la cantidad de clubes: cómo se organiza la competencia, qué valor tiene cada instancia y qué tan sencillo resulta para el público entender el sistema.
La crítica toca un punto sensible para la AFA, presidida por Claudio “Chiqui” Tapia, porque el formato de los campeonatos es una de las decisiones que definen el producto futbolístico que se ofrece a los hinchas y al mercado internacional.
El debate también tiene una dimensión deportiva. La cantidad de equipos, la frecuencia de los cambios de formato y la multiplicidad de instancias pueden influir en la percepción de la competencia, aunque el atractivo de una liga también depende de la calidad de los partidos, la presencia de figuras y la incertidumbre de los resultados.
Las reflexiones de Tagliafico ponen así dos discusiones sobre la mesa: la necesidad de que la Selección se mida con rivales que la obliguen a salir de su zona de confort y el desafío de construir un torneo local con una identidad competitiva clara y atractivo más allá de las fronteras argentinas.