Fue en Reus la última vez que un capitán levantó la copa, los recuerdos aún están vivos y las manos del Negro José Luis Páez están impresas en nuestra memoria. Pero pasó mucha agua bajo el puente, dieciséis años para ser exactos. La garganta no tenía atragantado el grito de campeón, muy por el contrario, tenía clavada una daga con los colores españoles. Porque de las últimas citas ecuménicas, tres tuvieron a España y Argentina peleando por el cetro. Las tres fueron para ellos, no había grito atragantado, había bronca.Bronca porque nunca nos ganaron sobrados, siempre tuvieron una milésima de ventaja, y al ser una gran potencia hockística, nos terminaban dando la vuelta, incluso en nuestro templo, el Aldo Cantoni en el 2011. Se repitió en Angola, levantamos un 0-3 imposible hasta que apareció el extraterrestre de Pedro Gil y nos dejó pagando.Este 27 de junio de 2015 será recordado por haber salido campeones y porque un equipo de gladiadores, sacó esa afilada daga y la clavó en el orgullo ibérico más intransigente. Ahora sí, ahora vale.El Vendéspace coreó cada pase argentino, se perfilaba que Argentina tendría todo el apoyo francés y de las demás delegaciones. Consultando hinchas de Angola, de Italia o Protugal, todos coincidían que ya estaba, que se tenía que acabar el ciclo de los Gil, Bargalló, Egurrola, Lamas uno y Lamas dos, de Adroher, Gual o Toni Perez. Basta, había que cortar esa racha imposible de 71 partidos sin perder. Estuvo a punto de hacerlo Angola, pero le faltó. Llegaría el turno de nosotros, de los gladiadores argentinos.Fue la noche soñada, todos estábamos vestidos para la ocasión. En realidad vestidos como en los otros cinco partidos, por cábala, no? Cada uno hizo los deberes como debía y se aprestó a jugar este choque trascendental, cada uno desde su posición. Unos dentro del campo de juego, otros en el banco de suplentes, aquellos en las tribunas, nosotros en los pupitres y miles de hinchas a 11 mil kilómetros de distancia.El partido fue planeado, no mientan, salieron todas, salvo la de Bargallo, que se coló por el palo izquierdo de Grimalt. Ahí sufrimos, muchos, todos los recuerdos se venían a la cabeza, pero de los malos recuerdos. Hasta que Lucas Ordóñez reventó la red después de una apilada de jugadores que hizo Carlitos Nicolía. Respiramos, bah, eso intentábamos.
Luego apareció el Rey David, y uno está obligado a sacarse el sombrero. Por respeto, pero por admiración. Porque Páez representa para el hockey lo que cientos de pibes aspiran a ser. Acá ya derramábamos lágrimas, acá se nos cortó la voz, acá empezamos a soñar. Qué grande que sos David, nos emocionaste con dos goles que en el epílogo de tu carrera, demuestran que estás intacto. No me canso de agradecerte.Vendrían dos goles más del “Luquitas”, que en micrófono que tuvo al alcance no paraba de dedicarle sus actuaciones a ese bebé que viene en camino. Firmó para el Barcelona antes de llegar al Mundial, pero le faltó el respeto a España como para que vayan viendo de la madera que está hecho.Pero también era importante mantener el arco lo más cerrado posible, y aquí Valentín Grimal tuvo su actuación consagratoria. El uno argentino tocó fondo frente a Mozambique, no dio entrevistas, se fue caliente, enfurecido patinó hasta el vestuario y esa noche del 23 de junio se juró que jamás volvería a tajar así. Y vaya si cumplió, tapó todas. Y en el momento más crítico le atajó un penal a España confirmando que sería imposible que pasara de nuevo lo mismo que con los africanos.Para el final, quiero dejar estas palabras para Carlitos Nicolía. Por lejos, muy lejos, el mejor jugador del torneo. Se puso el equipo al hombro las veces que pudo, marcó un gol en la final y nos regaló la perla maradoniana en el libre contra Portugal en las semis. Qué decir de la humildad de este jugador que siempre tuvo la delicadeza de prestarse al diálogo con la prensa y con los hinchas. Un grande que sin dudas grabó su nombre entre las glorias del hockey argentino.Estamos volviendo a casa, faltan muchos kilómetros aún. Llevamos una copa entre las manos, la misma que levantó con sus manos el gran capitán Carlitos López. La que abrazó Matías Platero, el defensor más aguerrido del mundial, la misma que besó el gigante Reynaldo García, que con sus goles abrió partidos complicados. La copa que se juró ganar algún día el Pocho Svritz y que consiguió en su primer mundial el Nolo Romero. La copa que se trae el Josi García y que también es del Fede Sánchez.Pero por sobre todo, es la copa de don Daniel Giuliani, junto con su cuerpo técnico. Porque se le escapó por poco en Angola y que ahora tendría revancha para lograrla. Porque sufrió varios cuestionamientos en la previa, porque se le bajaron jugadores y tuvo que llamar a un par de apuro. Esta copa también es de Giuliani, de Daniel Cocinero, de Franco Chancay, del Pichu Riveros y…Ahora falta menos que al principio de la nota, ya casi estamos en San Juan, a abrazarnos con los nuestros y a disfrutar de esto que no se gana todos los días, nos costó dieciséis años la espera.