De esta manera, el gobierno consigue una bocanada de aire y gana tiempo clave con el objetivo de dilatar las discusiones hasta el inicio del receso invernal, apostando a que la polémica pierda peso en la agenda pública. Además, la intención de la Casa Rosada es dejar que sea el terreno judicial, y no el Congreso, el que determine los pasos a seguir.
A pesar del pacto, persisten algunas dudas sobre si la totalidad de los legisladores del PRO y del radicalismo acatarán la orden, dado que figuras de peso como Mauricio Macri y la conducción de la UCR consideran que Adorni debería dar un paso al costado. Desde el bloque aliado que conduce Cristian Ritondo advirtieron que este blindaje parlamentario se mantendrá firme siempre y cuando no salgan a la luz nuevas filtraciones o detalles que compliquen aún más al jefe de Gabinete.
Con la sesión de interpelación prácticamente caída por falta de quórum, Martín Menem planea contraatacar convocando a una sesión propia para el próximo miércoles. El objetivo será retomar la iniciativa legislativa y enfocar la actividad del recinto en el tratamiento de proyectos económicos de alto interés para el Ejecutivo, tales como el "Súper RIGI" y el acuerdo con los bonistas en mora (holdouts). Mientras la oposición de izquierda y el peronismo intentarán de todas formas mostrar las bancas vacías para evidenciar a quienes faltaron, el oficialismo respira aliviado al haber congelado momentáneamente la presión sobre la Jefatura de Gabinete.