De acuerdo con el análisis, más del 27% de las personas que habían tomado préstamos dejaron de ser consideradas sujetos de crédito debido a que registran deudas en mora, lo que limita su acceso a nuevas líneas de financiamiento tanto bancarias como extrabancarias.
El informe indica que la tasa de morosidad de las familias pasó del 12,1% en abril al 12,7% en mayo, mientras que en el segmento de empresas aumentó del 3,3% al 3,5%. En tanto, el nivel de irregularidad del conjunto del sector privado avanzó del 7,3% al 7,7%.
La consultora advirtió que, aunque los datos oficiales del Banco Central podrían registrar ajustes menores cuando se publiquen a fines de julio, la tendencia ascendente se mantiene firme.
Uno de los datos que más preocupa es el impacto entre los menores de 35 años. Según el relevamiento, cuatro de cada diez jóvenes con préstamos activos presentan al menos una deuda en mora, ya sea con entidades financieras o con empresas de crédito no bancario.
Además, la irregularidad en los préstamos se multiplicó por más de cinco en menos de dos años. Mientras que en octubre de 2024 la mora rondaba el 2,5%, en mayo de este año ya superó el 12%.
El informe sostiene que el deterioro de la capacidad de pago de los hogares podría limitar el aporte del crédito al crecimiento económico durante los próximos meses. No obstante, la consultora consideró que el impacto sobre la actividad sería acotado debido al bajo peso que actualmente tiene el financiamiento dentro de la economía argentina.
En paralelo, señaló que los bancos privados redujeron significativamente el otorgamiento de nuevos préstamos durante los primeros meses del año, mientras que la banca pública evitó una caída aún mayor del crédito.
El deterioro también se refleja en las entidades no financieras, que concentran cerca del 17% de los préstamos otorgados a familias. En ese segmento, la morosidad alcanzó el 32,2% en mayo, cuando hace apenas un año y medio se ubicaba por debajo del 10%.
Para la consultora, la evolución conjunta de las deudas impagas tanto en el sistema financiero como fuera de él evidencia un creciente deterioro en la capacidad de pago de los hogares argentinos.