Según Martínez, la mayoría de las células en el cuerpo de las hidras son células madre, capaces de dividirse y convertirse en cualquier tipo de célula del cuerpo. Los humanos sólo las tienen durante los primeros días de desarrollo embrionario. Por el contrario, las hidras producen células nuevas constantemente.En 1998, Martínez y sus colegas publicaron un estudio en el que se describía cómo habían sido incapaces de hallar signos de envejecimiento en las Hidras en el transcurso de cuatro años. Para un estudio posterior, crearon pequeñas islas paradisíacas para más de 2.000 hidras. Los investigadores quisieron darles condiciones ideales.Durante ocho años no se encontró evidencia de ningún incremento en la tasa de muertes o alguna declinación de fertilidad. Las muertes se mantuvieron constantes, a un ritmo de una hidra cada 167 por año. La fertilidad se mantuvo constante para el 80 por ciento de la población de hidras. “Creo que una hydra puede vivir para siempre bajo las circunstancias correctas”, dijo Martínez.En estado de naturaleza las hidras mueren a causa enfermedades, depredadores y contaminación. Nunca llegan a alcanzar la inmortalidad. “El hallazgo rompe el viejo modelo de pensamiento que asumía que todos los animales debían declinar con la edad”, sostuvo Martínez. Estudiar a las hidras podría ayudar a los científicos con la pregunta sobre por qué la mayoría de los animales envejecen.“Espero que este trabajo encienda la chispa de algún otro científico para echar una mirada más profunda sobre la inmortalidad”, dijo Martínez, y concluyó: “quizás con el estudio de otros organismos logremos echar más luz sobre los misterios del envejecimiento”.