Por María Eugenia Vega
Con las valijas hechas y organizando su cena de despedida, un llamado telefónico le cambió los planes al Comisario Mayor, Julio Vázquez. La jueza Mónica Lucero le pedía expresamente que se hiciera cargo de la investigación por la desaparición de Ariel Tapia.
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No pudo decir que no ni porque tuviera opción. Porque tuvo la oportunidad de retirarse unos meses antes por vacaciones adeudadas, pero no lo hizo porque una misión lo llamó a su especialidad, otro caso espeluznante: Milagros Ruarte fue hallada estrangulada y violada. El principal sospechoso está en el penal.
Ahora, el panorama era distinto pero Vázquez sabía algo, dedicó decenas de años en casos de este tipo, fue cabecilla de investigaciones en la división Homicidios y hasta estuvo a cargo en el desarrollo de las pericias en el caso Tellechea. Ariel iba a ser el último.
"Le puse mis últimas fuerzas al hallazgo de Ariel. Realizamos varios allanamientos el día de su desaparición. Fue un desenlace lamentable", expresó cabizbajo. En el mismo momento en que se estaba produciendo las detenciones de Alejandra Silva, de su pareja Franco Sifuentes y de su hijo Emanuel (18), Vázquez entregó el caso a la división Homicidios y se despachó con un dato relevante.
"La clave de la investigación policial está en los horarios", sobre la medianoche del jueves mientras el jefe de Policía y el ministro de Gobierno realizaban una conferencia de prensa, el comisario mayor vaticinaba el porvenir de la información: los resultados del forense van a estar con suerte el lunes. El cuerpo estaba irreconocible y es imposible realizar una autopsia en esas condiciones", dijo.
Su vasta experiencia y su olfato de investigador desarrollaron una teoría de lo que pudo haber ocurrido. "No me voy a adelantar a los hechos. Hay que esperar pericias claves, pero tengo la esperanza de que este caso se resuelva pronto. Confío en que así sea".
Vázquez se despidió esa noche, cansado, con la tranquilidad de haber resuelto más de 18 asesinatos en su carrera policial. Con la tarea de retirarse de la fuerza con la promesa de no involucrarse mas en un caso. Aunque será una fuente fiel para la policía. Es uno de los viejos investigadores que ya no estará más. Ahora, sólo va quedando solo gente joven.