Los problemas de salud mental, los costos de vivienda y los horarios laborales también aparecieron entre las causas que alteran la calidad del sueño (Imagen Ilustrativa Infobae)
En América Latina, según los últimos datos conocidos gracias a un metaanálisis publicado en 2023, casi uno de cada cuatro adultos presenta algún trastorno del sueño; mientras que una encuesta regional de 2026 fue más lejos: casi dos tercios duermen menos de siete horas por noche.
Los datos de la encuesta ubican a las responsabilidades familiares como el factor más mencionado —45% de los adultos lo señaló como obstáculo para su descanso—, seguidas por el estrés laboral y los problemas de salud física, ambos con 39%. Los problemas de salud mental alcanzan el 37%, los costos de vivienda el 36% y los horarios laborales el 35%. Cada uno tiene respaldo sólido en la literatura científica internacional.
1. Responsabilidades familiares
Un análisis publicado en Clinical Nursing Research, basado en datos de casi 3.900 adultos estadounidenses, reveló que los cuidadores tenían un 40% más de probabilidad de reportar sueño breve con mala calidad.
Entre quienes dedicaban 20 o más horas semanales al cuidado de otra persona, el riesgo de tener sueño de mala calidad era casi 3 veces mayor. La carga se agudiza con enfermedades de alta exigencia: una revisión sistemática de Sleep Health constató que hasta el 76% de los cuidadores de personas con demencia reportaba mala calidad de sueño, con despertares nocturnos frecuentes y duraciones cortas.
2. Estrés laboral
La relación entre presión laboral y sueño es consistente en todas las industrias y geografías. Un estudio publicado en Frontiers in Public Health confirmó que el 59,3% de las enfermeras de guardia presentaba trastornos del sueño, con correlación directa entre nivel de estrés y gravedad del deterioro.
Un estudio publicado en Industrial Health identificó la activación cognitiva previa al sueño —el estado de alerta que impide desconectarse al acostarse— como el mecanismo mediador central, responsable de casi la mitad del efecto en contextos de alta demanda laboral.
La relación es además bidireccional: el estrés predice el insomnio y el insomnio predice mayor estrés, según un estudio prospectivo en el Journal of Sleep Research sobre población trabajadora sueca.
3. Problemas de salud física
El estudio más amplio realizado hasta la fecha con medición objetiva y longitudinal del sueño —Nature Medicine, con casi 7.000 participantes seguidos durante 4,5 años— encontró que la irregularidad del sueño se asocia con mayor incidencia de hipertensión, hiperlipidemia, obesidad y depresión mayor.
Un estudio publicado en el Istanbul Medical Journal en 2026 confirmó que el 59,3% de los pacientes con enfermedades crónicas presentaba mala calidad de sueño y que la multimorbilidad —la coexistencia de varias enfermedades— es un factor de riesgo independiente para el deterioro del descanso.
4. Problemas de salud mental
La ansiedad y la depresión no solo conviven con el insomnio: lo predicen y son predichas por él. Una revisión de PLOS Mental Health de 2025 confirmó que el insomnio crónico multiplica entre 2 y 3 veces el riesgo de desarrollar depresión.
Investigaciones de Stanford Medicine publicadas en 2025 añadieron que las personas con insomnio tienen 10 veces más probabilidades de padecer depresión y 17 veces más de padecer ansiedad que la población general.
Un estudio de 2026 en SLEEP con seguimiento de 754 adultos durante un año confirmó la bidireccionalidad y precisó que el sueño ejerce un efecto más fuerte sobre la salud emocional que el que la salud emocional ejerce sobre el sueño.
5. Costos de vivienda y presión económica
La inseguridad financiera afecta el descanso por vías psicológicas y fisiológicas. Un estudio de la Universidad de Rice identificó los comportamientos de estrés previos al sueño —permanecer en tensión al acostarse, repasar deudas, planificar el día siguiente— como el mecanismo que conecta la presión económica con el deterioro del descanso.
En tanto, un estudio de cohorte de Sleep Health de 2025 sobre más de 4.300 adultos en Suiza encontró que quienes atravesaban dificultades económicas tenían más del doble de riesgo de insomnio (odds ratio: 2,11) frente a quienes no las padecían.
6. Horarios de trabajo
Los horarios no convencionales —nocturnos, rotativos o de madrugada— figuran entre los factores con mayor impacto documentado. Una revisión sistemática de BMC Public Health de 2026 —con 22 estudios y más de 21.000 trabajadores de ocho países— concluyó que el trabajo por turnos se asocia con un 42% más de probabilidad de trastornos del sueño respecto del trabajo diurno.
Un estudio en BMJ Open de 2026 sobre más de 280.000 trabajadores del UK Biobank precisó que quienes trabajaban siempre de noche acumulaban un 50% más de probabilidad de presentar trastornos del sueño. El mecanismo es la desincronización circadiana: los turnos nocturnos obligan al organismo a permanecer activo cuando el reloj biológico interno empuja hacia el descanso, y esa contradicción se resiste a la adaptación incluso con el tiempo.
Qué hábitos favorecen el descanso
La privación sostenida del descanso no es inocua: los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos advierten que dormir mal de forma crónica eleva el riesgo de diabetes, enfermedades cardíacas, hipertensión y accidente cerebrovascular, además de deteriorar la memoria y la concentración.
Beth Malow, jefa de la División de Trastornos del Sueño de Vanderbilt Health, explicó en declaraciones a Prevention que cuando el sueño se interrumpe en una etapa profunda, el organismo debe retomar desde el inicio el recorrido normal de las fases del descanso, lo que reduce la sensación de recuperación al día siguiente. La fragmentación puede ser tan perjudicial como la reducción total de horas.
La AASM reunió una serie de pautas de higiene del sueño para quienes enfrentan estas tensiones: delegar responsabilidades de cuidado cuando sea posible, mantener horarios regulares para acostarse y levantarse (incluso los fines de semana), y reservar entre 30 y 60 minutos antes de acostarse para reducir estímulos como pantallas y correos laborales.
La actividad física regular y una alimentación equilibrada también se asocian a mejor calidad de descanso, aunque el ejercicio intenso en las horas previas puede interferir en algunas personas. El Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido añade que una rutina tranquila antes de dormir ayuda al cuerpo a reconocer con mayor claridad el momento de descanso.