Existen modelos variados de ventiladores, tanto para el techo, de pie y de pared. La limpieza periódica evitará que se junte polvo en ellos y en consecuencia evitar la proliferación de ácaros y bacterias nocivas para la salud.
En primer lugar deberás desenchufarlo para poder trabajar con seguridad y sin riesgo de entrar en contacto con la electricidad. Luego, remover las rejillas (si es posible) para facilitar la limpieza, y desmontar el ventilador utilizando las herramientas necesarias y respetando las instrucciones del fabricante.
Allí procederás a limpiar las hélices y el resto de las piezas con un trapo humedecido en agua con detergente o jabón neutro. Posteriormente repasar con un paño seco y limpio para quitar la humedad que pueda haber y el resto de suciedad.
Al momento de limpiar la base y el motor del ventilador recomendamos utilizar un cepillo seco y frotar de forma suave para evitar su deterioro.
Si tu modelo de ventilador no tiene rejilla removible, usá un pincel suave y seco con cerdas suaves que no dañar el interior del artefacto.
Dormir con ventilador no siempre es bueno: qué hay que tener en cuenta
Dentro de las ventajas de dormir con ventilador, se destaca la de enfrían la habitación que nos permite dormir de manera más rápida y cómoda. Sin embargo, un ventilador también ayuda a que circule el aire en la habitación e incluso el ruido que genera ayuda a las personas a dormir.
También provoca que se sequen las fosas nasales debido al flujo constante de aire. Eso podría derivar que el cuerpo produzca más mucosidad de la necesaria para compensar esa sequedad, lo que provocaría congestión y dolor de cabeza por culpa de la sinusitis. Además de provocar rigidez en la musculatura, sobre todo en personas que duerman con el ventilador cerca de la cara y el cuello, por la constante tensión de los músculos.