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No le tengan miedo a la discapacidad: 20 años de una mujer abriendo caminos con la danza
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"No le tengan miedo a la discapacidad": 20 años de una mujer abriendo caminos con la danza

María Elisa Robles es subdirectora de Personas con Discapacidad de la Municipalidad de la Capital y hace dos décadas trabaja con personas con discapacidad.

María Elisa Robles habla de discapacidad desde un lugar que conoce profundamente: hace 20 años trabaja junto a personas con distintas discapacidades. Profesora de danza folclórica y actualmente subdirectora de Personas con Discapacidad de la Municipalidad de la Capital, encontró en el arte una herramienta para abrir espacios y derribar límites.

Su historia comenzó mucho antes de ocupar un cargo público. Su primo Diego, quien tiene síndrome de Down, fue una presencia cotidiana desde su infancia y también una inspiración para su camino profesional. “Para mí era algo normal”, contó en Mujeres de Impacto al recordar aquella relación. Cuando se recibió como profesora de danza, incluso utilizó a su primo como parte de sus prácticas. “Yo cuando me recibo de profesora de danza, muy jovencita, tenía que hacer mis prácticas y a quien le enseñaba era mi muñeco viviente, que era mi primo”, recordó.

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Con esa experiencia como punto de partida, comenzó a enseñar danza folclórica a personas con discapacidad. Su mirada siempre estuvo puesta en el arte como una forma de expresión.

“Comienzo a enseñarles a bailar como parte del folclore y la música como una herramienta para que ellos puedan expresarse. Siempre fue esa mi mirada”, explicó.

Una danza sin límites

Ese camino dio lugar al Ballet Sembrando Ilusiones, reconocido como ballet estable municipal desde 2012 y que actualmente está integrado por 50 jóvenes con distintas discapacidades. Para Robles, la inclusión no consiste simplemente en permitir que una persona con discapacidad participe de una actividad. El verdadero desafío está en reconocer sus capacidades y permitir que pueda desarrollarlas.

“Logré que pudieran expresar arriba del escenario sus talentos y que fueran aplaudidos por lo que saben hacer, no por lo que son”, afirmó.

Y resumió su mirada en una frase que atraviesa buena parte de su trabajo: “No poner el techo a sus capacidades de poder expresar y poder bailar y disfrutar de la música”.

El ballet también se transformó en un espacio de pertenencia. Robles contó que muchos jóvenes llegan con timidez y miedos y que, con el tiempo, encuentran allí un grupo de amigos y un lugar de contención.

“Para muchos somos su familia”, sostuvo.

La inclusión también se construye puertas adentro

Desde su actual función en la Municipalidad de la Capital, Robles trabaja para ampliar los espacios destinados a personas con discapacidad.

Entre las iniciativas mencionó un curso de lengua de señas que comenzó con la capacitación de empleados municipales y luego fue abierto al público. También enumeró talleres de arte, ajedrez para braille, deporte inclusivo y computación, además del trabajo con escuelas de educación especial.

Para ella, una parte fundamental del proceso es que quienes trabajan en el municipio conozcan las distintas discapacidades y sepan cómo acompañar y atender a quienes llegan a realizar un trámite o buscar información.

“Primero el municipio, que conozcan, que sepan de las distintas discapacidades”, explicó.

“Falta conocer”

Cuando se le pregunta qué necesita la sociedad para ser más inclusiva, Robles responde con dos palabras: “Falta conocer”. En su mirada, muchas situaciones de exclusión nacen del desconocimiento y de la falta de empatía.

“Creo que las personas actúan del desconocimiento, falta empatía, mucha”, afirmó.

Por eso considera que todavía es necesario trabajar para que la sociedad pueda comprender las diferentes discapacidades y relacionarse con ellas sin miedo ni prejuicios.

Una historia que todavía la conmueve

Entre las muchas experiencias que atravesó durante estos años, hay una que Robles recuerda especialmente: la historia de Tatá, un joven con discapacidad que se encontraba en situación de calle y comenzó a asistir al ballet.

Robles contó que pudo llevarlo por primera vez a Córdoba y que el viaje significó para él mucho más que una presentación artística.

“Entró a un hotel por primera vez”, relató. Y recordó especialmente la reacción del joven: “Empezó subido arriba del tren abriendo sus manos de que estoy feliz”.

La historia también refleja el lugar que ella le asigna a la inclusión: no solamente como acceso a una actividad, sino como posibilidad de vivir experiencias, construir vínculos y ocupar espacios que durante mucho tiempo estuvieron vedados.

“Anímense”

Antes de terminar la entrevista, Robles dejó un mensaje que no estuvo dirigido solamente a las familias de personas con discapacidad, sino a toda la sociedad.

“No le tengan miedo a la discapacidad”, pidió.

Y agregó: “Hay muchos caminos, hay muchos espacios para la distinta discapacidad, tanto educativo, recreativo, social”.

Para ella, muchas veces el primer paso consiste simplemente en animarse a preguntar y buscar ayuda.

“Tenemos que animarnos a empezar a golpear las puertas y abrir”, sostuvo.

Después de 20 años de trabajo, su propia historia parece responder a ese mensaje: abrir puertas, generar espacios y demostrar que detrás de una discapacidad también hay talentos, deseos, vínculos y posibilidades que necesitan ser vistos.

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