El proyecto de microalgas comenzó como una respuesta ambiental para las industrias caleras, bodegas y cervezas. “Estas industrias emiten dióxido de carbono que es uno de los gases más contaminantes y las microalgas captan la luz y el dióxido y empiezan a crecer”, explicó.
A nivel nacional se presentaron 972 proyectos. San Juan quedó entre los 6 finalistas y tras una elección, el equipo de la Facultad de Ingeniería se quedó con el primer puesto
De todos modos, el proyecto dio un giro, tras estudiar la biografía y entender que las microalgas pueden crecer de otra forma a través de un medio de cultivo con azúcar y se multiplican sin pigmentación verde lo que permite incorporarla en alimentos sin que se perciban a través del color, por ejemplo. Y este fue el paso que las llevó junto a un equipo conformado por más profesionales a investigar lo que determinó una base nutricional que captó la atención del jurado de Molinas Innova 2022.
Carlas Gross en Molina Innova.jpg
Carla Groff informó que aún se encuentra en etapa de laboratorio, pero en esta parte determinaron que las microalgas tienen muy buen perfil nutricional. Por ejemplo, contiene un 60% de proteínas. Es decir que es superior a la soja y a la carne.
A su vez el contenido, tiene un 15% de lípido y es alto en omega 3. “Supera también al pescado y tiene un 7% en antioxidantes que protege al ser humano en lo neurológico y en enfermedades como el cáncer”, agregó.
“El proyecto surge como una propuesta para suplementar a los alimentos derivados de harinas como pan, galletas y pastas para mejorar su perfil proteico. Este es un proyecto innovador que mejore la alimentación de los argentinos y por eso lo enfocamos en esta aplicación”
La licenciada en Tecnología de Alimentos y doctora en Ingeniería Química añadió que aún se encuentran trabajando con microgalgas, pero aclaró que la idea es llevarlo a la producción de alimentos. “Estamos a escala laboratorio y necesitamos equipos para producir mayor volumen y con el premio podremos comprar equipos que nos permita hacerlo”.
El equipo de la UNSJ que se quedó con el primer puesto
Carla Groff y Rocío Gil, investigadoras del Instituto de Biotecnología de la Facultad de Ingeniería son las autoras del proyecto. Trabajaron además en el mismo, Gustavo Scaglia y Cecilia Fernández, del Instituto de Ingeniería Química; Santiago Albareti, estudiante de Ingeniería Química de la FI- UNSJ y el docente investigador del IIQ actual secretario de Asuntos Estudiantiles de la FI, Ing. Eliseo Ortiz.