Dejar de ir al gimnasio porque a la pareja le molesta, alejarse de amistades o evitar reuniones familiares para no provocar una discusión son algunas de las situaciones que Alvo identifica en su experiencia. En esos casos, el control puede instalarse progresivamente hasta que la mujer empieza a justificar comportamientos que limitan su libertad.
La dificultad para reconocer esas señales también se relaciona con el deterioro de la autoestima. Cuando los gritos, las descalificaciones o las restricciones se vuelven parte de la rutina, algunas mujeres llegan a pensar que esas conductas tienen una explicación o que deben tolerarlas. Recuperar la propia voz implica, entonces, revisar aquello que se naturalizó y volver a reconocer el derecho a decidir sobre la propia vida.
Pero reconocer la violencia no siempre alcanza para salir de ella. La dependencia económica representa una de las barreras más difíciles, especialmente para quienes tienen hijos y no cuentan con ingresos propios ni con un lugar al que puedan ir. En ese contexto, la salida no depende únicamente de una decisión individual: también requiere condiciones materiales, acompañamiento y acceso a recursos.
Frente a esa realidad, Alvo impulsó un proyecto presentado al diputado provincial Luis Rueda, con la propuesta de articular acciones entre municipios y centros de salud para facilitar orientación jurídica gratuita, acompañamiento psicológico y herramientas que permitan a las mujeres desarrollar emprendimientos y avanzar hacia la autonomía económica.
La profesional también advierte que acceder a una consulta puede ser complejo para quienes no tienen con quién dejar a sus hijos, disponen de poco tiempo o deben ocultar que buscan ayuda. Esa dificultad fue uno de los motivos para desarrollar un material que pudiera llegar más allá del consultorio.
El libro reúne historias con nombres ficticios y situaciones trabajadas desde el anonimato, junto con ejercicios y recursos orientados a fortalecer la autoestima. La intención es que la lectura pueda acompañar a mujeres que están atravesando una relación violenta, a quienes lograron salir de ella y también a familiares o personas cercanas que buscan comprender cómo ayudar.
Alvo sostiene que hablar con alguien de confianza y buscar acompañamiento profesional puede ser un primer paso, aunque advierte que no todas las personas son un espacio seguro para contar lo que sucede. Elegir a quién recurrir también forma parte de un proceso que puede ser complejo y que no siempre ocurre de una sola vez.