“Detectamos que la mujer está acostumbrada a cuidar al resto y no se prioriza”, explicó. Y detalló: “La mujer se encarga de cuidar su trabajo, de cuidar a sus hijos, cuidar a su marido, cuidar su casa con los quehaceres”.
En esa acumulación de responsabilidades, el cuidado propio corre el riesgo de quedar relegado. Por eso, hablar de prevención del cáncer de mama también implica mirar las condiciones concretas en las que las mujeres pueden acceder a los controles y preguntarse qué obstáculos les impiden hacerlo a tiempo.
Cuando el sistema de salud sale a buscar
Una encuesta realizada por el Ministerio de Salud entre trabajadores del sector permitió identificar una de esas barreras: los horarios de atención. A partir de ese diagnóstico surgió la Noche de las Mamografías, una iniciativa que comenzó como prueba piloto en diciembre del año pasado y que modificó los horarios habituales para facilitar el acceso a los estudios.
“Entonces dijimos, vamos a implementar algo novedoso como vanguardista y que llame la atención y que nos quite aunque sea la barrera del horario”, recordó Rizzo.
La propuesta consiste en habilitar los mamógrafos un día específico del mes, fuera de los horarios convencionales. La primera experiencia tuvo una demanda que superó las expectativas y obligó a revisar la organización para cuidar tanto a las pacientes como al personal de salud. Luego se incorporaron turnos programados.
Pero la estrategia no quedó limitada a ampliar los horarios. El equipo también implementó una búsqueda activa de pacientes sin cobertura social que no registraban controles en los últimos cinco años, a partir de los padrones del programa SUMAR. Con esa información, los equipos territoriales y los agentes sanitarios trabajan para localizar a las mujeres y facilitarles el acceso a una mamografía.
La respuesta de algunas pacientes resume el sentido de esa política. “Doctora, yo nunca me he hecho una mamografía, es la primera vez que nos van y nos buscan a nuestras casas”, contó Rizo que le dijeron durante los operativos.
La frase revela una diferencia fundamental: no se trata solamente de ofrecer un estudio, sino de llegar a quienes, por distintas razones, nunca pudieron incorporarlo a sus cuidados habituales.
La prevención también necesita acceso
En San Juan, según detalló la profesional, hay ocho mamógrafos fijos y uno itinerante, instalado en un tráiler que se traslada a lugares de difícil acceso. Durante las últimas ediciones de la Noche de las Mamografías, entre 200 y 300 mujeres se acercaron a distintos puntos de la provincia, según los datos mencionados durante la entrevista.
Además, Rizzo explicó que las mujeres mayores de 40 años que no se hayan realizado una mamografía durante los últimos 12 meses pueden presentarse en los mamógrafos de la provincia sin turno previo ni derivación. El objetivo es facilitar el acceso al control anual.
La médica hizo hincapié en la importancia del diagnóstico temprano. “El cáncer de mama es un cáncer que no lo vamos a poder prevenir. Pero sí, si hacemos un diagnóstico precoz, tiene una alta chance de curación esa paciente”, sostuvo.
También advirtió que algunas lesiones son tan pequeñas que no pueden detectarse mediante el tacto. Por eso, el autoexamen no reemplaza la mamografía: los controles permiten identificar alteraciones antes de que sean palpables.
Cuando un resultado requiere una evaluación más profunda, San Juan cuenta con dos unidades de mama, en los hospitales Rawson y Marcial Quiroga. Allí trabajan equipos multidisciplinarios integrados por ginecólogos, mastólogos, especialistas en diagnóstico por imágenes, psicólogos y trabajadores sociales, que intervienen en la atención y el seguimiento de las pacientes.
Priorizarse también es una forma de cuidar
El 19 de octubre, Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, suele multiplicar los mensajes sobre la importancia de los controles. Pero el desafío comienza cuando termina la campaña y la vida cotidiana vuelve a imponer sus exigencias.
Para Rizo, la respuesta no consiste únicamente en recordar que hay que hacerse una mamografía. También implica revisar el lugar que ocupa la propia salud en la agenda de cada mujer y generar condiciones para que el control sea posible.
“La idea es que las mujeres no dejen para el tiempo que les sobra el control ginecológico, que lo pongan dentro de su agenda, que se tomen un minuto, que se prioricen, que se empoderen y que se cuiden”, expresó.
Y agregó una reflexión que trasciende la fecha: “Así como cuidan a sus hijos, a sus maridos, a sus trabajos, también cuiden su salud, y eso es una forma de quererse y de querer al otro”.
La prevención no debería depender de que una mujer encuentre, entre todas sus obligaciones, un momento libre para ocuparse de sí misma. Requiere información, controles oportunos y un sistema de salud capaz de reconocer las barreras que dificultan el acceso.
Porque cuidar a los demás no debería significar dejarse para después. Y porque, detrás de cada mamografía que no se realiza, puede haber una mujer que necesita algo más que un recordatorio: necesita la posibilidad concreta de acceder a un control que puede cambiar el curso de su historia.