“Nosotros cuando nos conocimos, allá en el 2006, Melina iba al último año del secundario y yo estaba recién llegado a San Juan desde el sur y había entrado a la facultad. Yo iba en bicicleta a la facu y hacía todo en bicicleta, cuando nos conocimos, Meli me empezó a visitar en bicicleta, yo la iba a ver en bicicleta, salíamos juntos… Era todo así”, contó Diego en diálogo con Diario La Provincia SJ.
La recién casados tienen ya dos hijos: Nicolás y Magdalena. Y aunque ahora cuentan con un vehículo, relatan que la bicicleta siguió siendo una parte muy importante de sus vidas.
“Siempre anduvimos en bici más que nada cuando no teníamos a nuestro primer hijo, Nicolás, pero incluso, cuando tuvimos auto también, era como una salida romántica nuestra salir a andar en bici. Cuando nos encontrábamos muchos baches gritábamos ‘¡Turbulencia!’ y era muy gracioso. Ahora en el casamiento, yo me había olvidado de eso y Meli se acordó, nos encontramos una parte medio flojita y ella gritó ‘¡Turbulencia!’… nos reímos mucho, nos emocionamos porque nos acordamos de esos momentos”, comentó Diego.
Luego de la ceremonia religiosa los esposos fueron en dos ruedas hasta el salón de fiestas. Es por esto que Melina, al pensar su vestido de novia, tuvo que idear uno que sea adecuado para pedalear. Así, vistió de largo en el altar y utilizó un vestido más corto y cómo para andar en la bici.
Con respecto a este momento de la aventura, Diego agregó emocionado: “Cuando salimos les hicimos a la gente con las campanitas para que nos sigan y encaramos por Avenida Libertador. Ahí empezó como toda una fiesta porque en ese momento de la tarde andaba mucha gente en la calle y nos empezaron a grabar, a aplaudir y gritar, con una buena onda increíble. Aprovechamos para saludarlos a todos porque fue muy lindo”.
Fuente: Los Andes