El dato no es menor: el evento coincidirá con otras actividades de peso, como encuentros vinculados a distintos sectores y el movimiento que genera la feria minera. Esa superposición de agendas empieza a reflejarse en un indicador concreto: la ocupación hotelera. Según el propio Orrego, la provincia ya muestra niveles cercanos al lleno total para los próximos días, un escenario que impacta directamente en el circuito económico.
“Vamos a tener turismo nacional en la provincia”, sostuvo, y vinculó ese flujo con el trabajo de los distintos actores del sector. En esa lógica, la feria aparece como una pieza más dentro de una estrategia más amplia, donde el objetivo es sostener actividad en un contexto económico complejo.
El gobernador también buscó inscribir el evento dentro de una mirada productiva. La feria, dijo, permite visibilizar el trabajo de distintos sectores y potenciar oportunidades. No es solo una vidriera cultural: es también una herramienta de desarrollo.
En paralelo, dejó una definición que excede el evento puntual y apunta al escenario general: “Mientras haya una persona que quiera trabajar, siempre va a ser un desafío”. La frase, en medio de un contexto donde el empleo sigue siendo una preocupación, refuerza la idea de que el movimiento económico que generan este tipo de actividades tiene un peso específico.
En ese equilibrio entre lo público y lo privado, Orrego insistió en la necesidad de articulación. Habló de condiciones, de inversión y de un dato que el oficialismo busca capitalizar: el crecimiento en la cantidad de empresas en la provincia durante el último año.
Con ese marco, la Feria de las Artesanías se instala como algo más que un evento cultural. Es, en la lectura oficial, una postal de gestión, un punto de encuentro social y una oportunidad económica en simultáneo. Y, sobre todo, una apuesta a que el movimiento no se detenga.