A los 15 años, se trasladó a la capital sanjuanina para trabajar en la cosecha, y años más tarde se mudó con su familia al valle de Tamberías, en Calingasta. Fue allí, entre las montañas y la nostalgia de su Jáchal natal, donde nació la inspiración para componer sus primeros versos, incluyendo un vals que se convertiría en parte fundamental de su repertorio. Su poesía y su música se vieron marcadas por el amor a su tierra y sus tradiciones, convirtiéndose en la voz de una generación que a través de su música, identificó su identidad.
Años después, se trasladó a vivir a Ullum, donde nació una de sus composiciones más queridas: la zamba "La Semilla de la Tradición", que se convirtió en un himno no solo para su pueblo de Jáchal, sino también para toda la provincia, cantada en la Fiesta Nacional de la Tradición y en celebraciones populares de todo el país.
El seudónimo artístico, Chango Huaqueño, le fue sugerido por el Aparcero Jorge Darío Bence, quien también le recomendó una vestimenta tradicional que reflejara el espíritu de su música. Así, con su pilcha gaucha, Horacio conquistó los escenarios y los corazones de todos quienes disfrutaron de su voz y su música, llevando el folklore cuyano a lo largo de todo el país.
Con más de 100 temas originales y 14 discos grabados, Horacio Antonio Villafañe dejó un legado de canciones que son parte del repertorio clásico del folklore sanjuanino y argentino. "El Chango Huaqueño", como lo bautizó el poeta Jorge Pascual Recabarren, será recordado como uno de los máximos exponentes de la música popular de la región.
En las redes sociales, los mensajes de despedida se multiplicaron rápidamente "Hoy San Juan y el folklore argentino han perdido a un gran maestro", fueron algunas de las palabras que acompañaron las publicaciones en honor a su memoria.
sus restos serán velados en la Sala Velatoria de la Municipalidad de Capital ( Calle Rawson entre Santa Fe y Córdoba)