La Dra. Portillo realizó su formación en electrofisiología hace diez años en Barcelona, España y el postgrado universitario en La Plata “para mí ha sido un logro incalculable poder tener el polígrafo en el hospital, era algo muy deseado”, expresó la profesional.
Los casos de arritmia son variables, a veces son meramente eléctricos, no necesariamente se dan en pacientes con corazones enfermos, a veces son cortocircuitos que se arman en el circuito eléctrico del corazón y con la punta del catéter, que emite calor, y quema ese “cablecito” que generaba el cortocircuito y lo anula, explica la Doctora. “El catéter emite una señal que es captada por el polígrafo, es una imagen similar al electrocardiograma pero endocavitaria, desde adentro de las cavidades del corazón. Desde el aparato también se puede estimular, es decir, generar la arritmia, confirmar su mecanismo y evaluar si es factible o no tratarla. Si es así, se utiliza el catéter de ablación, se conecta a una fuente que emite calor, haciendo un mapeo hasta localizar el lugar exacto donde hay que aplicar, se aplica el calor y genera una lesión, una quemadura y causa la muerte celular de ese circuito que provocaba la arritmia, es básicamente una cauterización dentro del corazón”.