Según estudios de Seguridad Vial, 3 de cada 10 jóvenes conductores admite haber manejado bajo los efectos del alcohol, y ese número se refleja en las estadísticas viales que dan cuenta que la mayor cantidad de víctimas fatales en siniestros de tránsito evitables son jóvenes de entre 15 y 34 años de edad.
Conducir bajo los efectos del alcohol provoca:
Falsa sensación de seguridad y exceso de confianza, por lo que se pueden tomar malas decisiones como exceder la velocidad.
Afecta la visión, disminuyendo la claridad y la percepción de obstáculos en el camino.
Perdida del equilibrio y control sobre los propios movimientos.
Ralentiza las reacciones y maniobras.
Asimismo, el uso nocivo del alcohol desafía al desarrollo social y económico de muchos países, incluidos los de las Américas. El consumo de alcohol en las Américas es de aproximadamente un 40% mayor que el promedio mundial. En general, la población en las Américas consume alcohol en un patrón que es peligroso para la salud.
Este tipo de consumo de riesgo se asocia con diversos daños a la salud y sociales, que incluyen más de 200 condiciones (enfermedades no transmisibles, trastornos mentales, las lesiones y el VIH), así como la violencia doméstica, la pérdida de productividad, y muchos costos ocultos.
Mitos/realidades relativos al consumo de alcohol
Mito: "Las bebidas suaves como el vino y la cerveza, emborrachan menos"
Realidad: los efectos del alcohol son los mismos con todas las bebidas. Lo que importa es la cantidad que se tome.
Mito: “El alcohol facilita el diálogo, alegra, estimula”
Realidad: mientras más alcohol tomes, menos posibilidades de comunicación.
Mito: "Si no tomo mucho, puedo manejar sin riesgo"
Realidad: el límite legal de alcohol en sangre es de 0,5 gr. (equivalente a 2 latas de cerveza de 330 cm3/ 2 vasos de vino/ 1 medida estándar de vodka) los valores de referencia varían según: peso, edad y sexo de las personas.
Mito: “Todo el alcohol ingerido se elimina a través de la orina y el sudor”
Realidad: solo el 10% se elimina de esta manera, el resto se metaboliza por el hígado y se convierte en azúcar.