Poco después de la muerte de Talía sus familiares y amigos organizaron una marcha. La chica le había mandado un audio a su amiga contándole que ya no soportaba el acoso de su ex pareja.
Anabella también quiso hacer un altar para Talía en el lugar donde encontraron su cuerpo. Pero no la dejaron. “Me dicen que no, me amenazan, me dicen que me van a denunciar. Yo soy la víctima, mataron a mi hija. Ya no hay humanidad”, denuncia. La falta de respuestas oficiales, el silencio social y la burocracia que impide cualquier gesto de memoria, se suman al dolor profundo de una madre que aún no encuentra consuelo.
Además del pedido por un espacio de memoria, Anabella sostiene un reclamo firme por justicia. Asegura que durante el proceso hubo omisiones graves y personas que no fueron investigadas. “Cuando Morales estaba torturando a mi hija, había tres personas que no hicieron nada. ¿Por qué nunca llamaron al primo, que tenía 13 años y terminó en terapia intensiva?”, cuestionó en diálogo con sanjuan8.com. El femicidio de Talía no fue, para ella, un hecho aislado ni individual, sino parte de una cadena de violencias permitidas por el entorno.
Anabella Recabarren, madre de Talía, a un mes del femicidio que conmocionó a Zonda
El contraste más duro, dice Anabella, es el que vive cada fin de semana. “La madre de Morales va todos los domingos a ver a su hijo. Yo voy al cementerio. Yo acaricio un cajón. A mi hija le dieron cadena perpetua. Y él ya puede salir”.
El banco rojo ya no está. En su lugar, un banco pintado de negro intenta borrar lo que pasó. Pero Anabella se niega al olvido. Pide justicia, memoria y humanidad. “Zonda parece querer hacer de cuenta que acá nunca pasó nada. Pero mi hija existió. Y su historia merece ser contada”.
Si estás atravesando una situación de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda, podés acudir a la Unidad Fiscal CAVIG (Centro de Abordaje de Violencia Intrafamiliar y de Género). La atenció está disponible las 24 horas.