“Todavía no caigo con el gol que hice y la manera que definí”, reconoció.
Peralta explicó que el taco no fue producto de una jugada preparada ni de un recurso que hubiera pensado previamente. La decisión apareció en el momento.Según contó, había observado durante el partido que el arquero de Atenas se paraba habitualmente cubriendo el primer palo. Cuando recibió la pelota dentro del área, buscó cambiarle el destino.
“Venía mirando al arquero que se paraba mucho, me cubría mucho el primer palo cuando yo iba al área, entonces decidí cambiársela de palo”, explicó.
La definición terminó siendo mucho más espectacular de lo que probablemente había imaginado. El delantero admitió que todavía le cuesta procesar la repercusión que tuvo la jugada. Incluso contó que, después del partido, el arquero rival fue uno de los pocos protagonistas del otro equipo con los que tuvo contacto y le reconoció la calidad de la definición.
El primer gol en Primera llegó de la manera menos esperada
Para Peralta, el tanto tiene además un significado especial. Es que se trató de su primer gol en Primera División, después de haber debutado a los 17 años. “Se me dio ahora el primer gol en Primera”, contó durante la entrevista, todavía sorprendido por el momento que le tocó vivir.
La celebración también estuvo a la altura. Apenas convirtió, salió corriendo y se sacó la camiseta. Sus compañeros, mientras tanto, se encargaron de recordarle el gol en el vestuario y posteriormente en el grupo del equipo.
“Mis compañeros me joden en el grupo, son bastante jodidos pero estan contentos por mi”, contó entre risas.
El presente de Peralta también está marcado por el esfuerzo que hizo para sostener su carrera dentro del fútbol sanjuanino. Antes de poder movilizarse por sus propios medios, debía viajar desde Pocito hasta los entrenamientos. Durante su etapa en Alianza, contó que junto a su padre tomaba dos colectivos para llegar al club.
Hubo incluso momentos en los que hizo el trayecto caminando. “Creo que fue una semana entera que me fui, salía como dos horas antes de acá de mi casa y me iba caminando para allá”, relató.
Para el joven, la explicación es sencilla. Siempre tuvo claro que si quería progresar debía comprometerse completamente con el entrenamiento. “A mí nunca me ha gustado faltar a entrenar. Yo soy así, si me dedico a algo tengo que dedicarlo al 100% a eso”, afirmó. Con el tiempo pudo comprar su propio vehículo y ahora realiza el viaje hasta Zonda para entrenar con Juventud Zondina.
Más allá de la viralización y de los pedidos de algunos hinchas para que su gol sea considerado entre los mejores del año, Peralta tiene objetivos mucho más cercanos. Juventud Zondina atraviesa una situación complicada en el torneo y el delantero quiere aportar para que el equipo pueda salir adelante.
“Me gustaría sacar de la situación que estamos con Juventud Zondina, que es complicado, pero creo que como grupo estamos fuertes y lo vamos a sacar”, sostuvo.
Después aparece el sueño mayor. El que lo llevó a entrenar durante años, viajar en colectivo y hasta caminar durante horas para no faltar. “Me gustaría vivir del fútbol, que es lo que todo jugador quiere, y ayudar a mis viejos que son los que siempre han estado”, expresó.
Y ahí aparece una de las partes más humanas de su historia. Peralta no se olvidó de quienes estuvieron detrás de cada entrenamiento, cada viaje y cada partido. Sus padres, justamente, fueron los primeros en los que pensó cuando vio que aquella definición había terminado convertida en un golazo.
El empate ante Atenas dejó un punto para cada equipo, pero para Peralta significó mucho más. Fue su primer gol en Primera, llegó con una definición poco habitual y terminó convirtiéndose en uno de los momentos futbolísticos más comentados del fin de semana en San Juan.
Mientras las imágenes siguen circulando y los hinchas ya imaginan hasta una posible candidatura al Premio Puskás, el delantero prefiere mirar hacia adelante. Tiene 19 años, un primer gol inolvidable y un objetivo claro. Seguir entrenando, ayudar a Juventud Zondina y algún día poder vivir del fútbol.