La necesidad de crear una nueva bandera para diferenciarse de las otras naciones
En medio de las batallas por la Independencia de la Corona española, el general Manuel Belgrano entendió que existía la necesidad de crear un emblema para distinguir a los ejércitos patrios de las tropas enemigas y que diferenciara al país naciente de todas las naciones.
Además, deseaba que sus soldados tuvieran un símbolo propio que durante las más despiadadas batallas les recordase su juramento de dar la vida por la Patria.
Así, e inspirado en su anterior creación, dio vida a la bandera celeste y blanca.
Esa primera bandera que tenía dos franjas verticales, una celeste (no se conoce cuál era la intensidad del color) y otra blanca, fue enarbolada por primera vez en Rosario en dos baterías de artillería ubicadas en orillas opuestas del río Paraná.
Más tarde, fue establecida por el Congreso de Tucumán como símbolo patrio mediante ley el 26 de julio de 1816: se la dividió en tres franjas horizontales de igual tamaño, de color celeste la superior e inferior y de color blanco la central, a la que se le agregó por ley el llamado Sol de Mayo.