Porque a pesar de ser un amistoso y ante una selección que vino con una nómina C ó D (la mayoría son suplentes en sus clubes de la Liga Mexicana), el equipo tuvo una voracidad que evidentemente es lo que busca el DT para encarar la Libertadores, el Mundial de Clubes y las competiciones locales: Colidio se puso el traje de Julián Álvarez y se cansó de presionar a los defensores y al arquero, Galoppo fue el volante box to box que no está desde la salida de De la Cruz, Meza colaboró mucho con la marca para mantener la presión alta y no sufrir atrás y hasta Lanzini fue al piso y se ganó su ovación. Eso, sumado a la solidez que da una defensa de Selección.
Pero este River, además de apretar los dientes y buscar constantemente no pasar más de algunos segundos sin la pelota, juega. Y juega bien. Con Enzo Pérez bien rodeado para que pueda centrarse en sus pases precisos y no tenga tanto ancho del campo para cubrir, el refuerzo que llegó desde el San Pablo fue quien más se destacó: autor de un golazo, se mostró siempre como una alternativa de descarga, clarificó los caminos con sus entregas y pisó mucho el área rival, algo que River necesita imperiosamente (el año pasado, los mediocampistas sumaron solo 20 tantos).
Con un Lanzini cerrando una positiva pretemporada en la conducción, la enorme jerarquía de Montiel en el lateral derecho se nota desde la estratósfera: con orden, conducción, subidas criteriosas al ataque y salidas desde el fondo de mucha calidad, despertó ovaciones en un público que lo ama y quiere verlo jugar todos los días. Un nivel a la altura del equipo, que también contó con correctos ingresos de Tapia y Matías Rojas.
En definitiva, un show completo, desde la presentación de los refuerzos hasta una performance contra México que tranquiliza e ilusiona con la temporada oficial comenzando el sábado. Con Gallardo, están las figuras y también el juego...
Fuente: Ole