Después de convertir, Messi abrió los brazos hacia el cielo y se giró hacia el público del Monumental, que estalló en un grito que mezcló alegría, emoción y algo parecido al llanto. Sus compañeros corrieron hacia él, lo rodearon y lo levantaron en andas, en una imagen que quedará grabada en la memoria de todos los que estuvieron ahí y de los millones que lo siguieron desde sus casas.
Las tribunas respondieron con el canto que acompañó toda la noche: "Olé, olé, olé, Messi, Messi". Un estadio entero agradeciéndole todo al hombre que los hizo campeones del mundo y que eligió este martes para decir adiós.
El mejor de la historia, despidiéndose en casa
No hay adjetivo que no se haya usado ya para describir a Messi. Pero este martes, en el Monumental, con sus hijos en la cancha, con el himno cantado por un excombatiente de Malvinas y con un golazo de Nico Paz de por medio, quedó claro que ninguna palabra alcanza. Solo queda el número: 126. Y la imagen de un hombre con los brazos abiertos, mirando al cielo, diciéndole gracias a todos.
Argentina gana 3-0 y Messi ya hizo su gol. La noche es perfecta.