Leo había asustados a todos porque en las dos primeras prácticas de la Selección en Qatar no pudo entrenarse con normalidad. Al punto que el sábado se había movido aparte con el kinesiólogo Luis García. Y luego no se sumó a los trabajos con el resto de sus compañeros, que hicieron la primera práctica de fútbol en suelo mundialista sin el 10.
De todos modos, las señales que llegaban desde la Universidad de Qatar eran alentadoras desde un comienzo. Leo viene regulando cargas, especialmente en un gemelo en el que arrastraba una fatiga. Por eso, si bien fue extraño no verlo dos días seguidos con el resto del plantel, la realidad es que ya este domingo apareció en cancha. Otra cosa. Otro alivio. Otra sensación.
Este lunes, cuando otra vez la Selección abra otra vez las puertas de su entrenamientos justo en la previa al debut, Leo seguramente se mostrará en otra condición: con sus compañeros, con la pelota y con esa atracción que sólo él está provocando en estas horas en suelo qatarí. No hay lugar en todo Qatar que no haya una camiseta con su nombre. Y todos quieren verlo en la cancha. Los argentinos, también.