Silvia -según cuenta Zulema- corrió al cuarto de seguridad que casi todas las casas israelíes tienen. Pasó la noche y temprano, cuando no oía más ruido, salió a desayunar. “Ella quedó viuda hace un año y estaba muy nerviosa”, dice Zulema. Entonces se oyó un estallido y Silvia volvió a correr hacia adentro. Pero la explosión había quebrado justamente el cuarto de seguridad. “No sabemos exactamente qué tiraron, son conjeturas, pero fue como una bomba que inició el fuego, la realidad es que la quemaron viva. Eran las 9 de la mañana.”
Después, silencio e incertidumbre. Estaba cortada la electricidad, los llamados no entraban. “Recién a la tarde pudimos confirmar lo que había pasado”.
Mirensky había llegado a Israel con su marido Saúl Hugo Mirensky un hijo de 4 años y otro de 6. Fue unos meses antes de la Guerra de Iom Kipur, en 1973. Se instalaron en Ashkelon, otra ciudad al sur del país, y en 1978 se mudaron al kibutz, una de las tantas granjas colectivas del país; en este caso una en la que se asentaron muchos argentinos y uruguayos.
En Buenos Aires, Silvia había sido ama de casa y en esta ciudad argentina nacieron sus dos hijos. Ya en Israel, trabajó en la fábrica del kibutz, que hacía carpetas para oficinas. Ahora estaba jubilada.
Zulema, en cambio, llegó a Israel en 1995 y vive en otro kibutz, un poco más al norte. En este Zulema momento está evacuda.