El prêt-à-porter (listo para llevar, en francés) se transformó en un comodín con garantía de ventas, aunque no por eso significaba una inversión barata. Estas son prendas producidas en serie, en las antípodas del haute couture. "Hace seis u ocho años me di cuenta que la alta costura no estaba representando a la mujer de hoy, me parecía que lo más urbano era lo que se necesitaba. Las marcas de alta costura con lo que más facturan es con los perfumes, cosméticos, prêt-à-porter", expresa Benito Fernández, desde su boutique en Palermo. El diseñador tiene tres locales de su marca Benito, además de una veintena de multimarcas en el interior del país.
Lage, que abrazó la profesión gracias a las enseñanzas de su padre, que era un sastre español, afirma que tiene entre sus planes un desembarco en el prêt-à-porter, aunque mantiene sus reservas. "Tenemos ganas pero necesitamos importar y deberíamos ampliarnos mucho para poder hacerlo", menciona. Hoy, la prioridad número uno del encargado de vestir a Juliana Awada durante la primera visita de Barack Obama al país es su expansión a España.
"En la Argentina no tenemos muchas red carpets ni muchos cócteles importantes. ¿A dónde va una mujer con uno de estos vestidos? ¿A tomar el té con amigas? En Madrid vestimos a seis o siete estrellas para diferentes festivales en solo tres meses", explica.
Europa es el epicentro de la moda a nivel mundial, siendo París su capital por excelencia. La ciudad francesa es muy celosa con respecto a la alta costura y estableció en 1945, a través de la Cámara Sindical de la Alta Costura, los parámetros para identificar, sin lugar para las equivocaciones, a la casas que representan este tipo de producciones. En nuestro país, eso no existe.
Embed
Moda de alto nivel en la pasarela de Silkey.
El cambio de concepto en los desfiles
Los desfiles resultan una parte innegable del negocio. No solo son el elemento que le aporta show al business sino que aún resulta una de las vidrieras más importantes para las colecciones. Sin embargo, organizar uno con todo el lujo y pompa también acarrea grandes costos.
Organizar un desfile en un hotel de categoría representa un gasto mínimo de $1 millón. Esto incluye la parte técnica -luz, pasarela, sillas, folletería, etc. - y el cachet de las mannequin -se necesitan mínimo 20 por desfile y cobran un promedio de $5.000 cada una. A esto hay que agregarle unos $500.000 de la colección de vestidos, más los gastos de peluquería, maquillaje y accesorios.
Embed
Azul y rojo. Colores insignia de la colección de Prabal Gurung.
"Hacer un desfile es muy caro, aunque salís ganando a largo plazo. En el momento es fuerte hacerlo, pero a lo largo del año se recupera", afirma Gabriel Lage. Los auspiciantes se vuelven un jugador fundamental para poder sostener estos eventos. Las marcas ligadas al mundo de la belleza se convierten en sponsors y asumen una gran parte del peso económico.
"Antes eran redituables porque era la manera de ganar espacios publicitarios que si no eran muy difíciles de lograr", recuerda Benito Fernández. Mientras que Roberto Piazza los ve como una obligación para los que están en el negocio, Claudio Cosano los define como "una inversión que cuesta mucho recuperar". ¿La razón? Los talles. "Al ser vestidos de alta costura, si no lo hacés perfecto para la modelo en la pasarela no se luce, entonces los vestidos para desfile son para un espárrago. Es más pérdida que ganancia", afirma.
Exclusividad
Requisitos del término. El diseñador Claudio Cosano enumeró las características necesarias para poder llevar la bandera de la alta costura. "Hay que tener un taller propio donde se hace todo totalmente a mano, donde cada clienta prueba hasta cuatro veces su vestido porque se le hace en el propio cuerpo y cada prenda es única", aclaró.
Fuente: El Cronista