La terrible historia de Yanina, la amiga de Nahir Galarza
La joven Nahir Galarza, condenada a prisión perpetua por el crimen de Fernando Pastorizzo, volvió a ser noticia esta semana al publicar una serie de fotos en su cuenta de Facebook que le valieron un castigo extra en la Unidad Penal de Mujeres N° 6 de Paraná. En ellas aparece también Soledad Yanina Lescano, una joven de 30 años que cumple una prisión preventiva por un delito que no se encuentra tipificado en el Código Penal: el de homicidio por omisión.
El 7 de febrero de este año, su ahora expareja, Miguel Ángel Cristo, terminó con la vida de su hija de 2 años torturándola hasta la muerte. El hombre está imputado por un delito que conlleva la pena de prisión perpetua: el de homicidio calificado por el vínculo, el ensañamiento y la alevosía. Sin embargo, a Lescano no se la acusa de haber participado en el homicidio sino de no haberlo impedido. Y como ese delito que no impidió conlleva la pena de prisión perpetua ella también podría ser sometida a esa condena.
"Es un caso terrible porque ella estaba postrada y no tenía ninguna posibilidad de defender a la nena mientras su pareja era violento con ella. Tiene demasiados frentes abiertos esta mujer", dijeron fuentes allegadas al caso, cuando comenzaron a viralizarse versiones sobre las acusaciones en torno a Lescano.
Al momento en que el crimen sucedió, Lescano se encontraba cursando los últimos días de un embarazo que ponía en riesgo tanto su vida como la del bebé y que la obligaba a hacer un reposo absoluto. La mujer había sufrido varios abortos espontáneos con anterioridad, lo que complicaba la gestación de la beba en camino. Además, se encontraba tomando una medicación llamada Lorazepam, que la sedaba.
Lescano, ama de casa, había comenzado a salir con Cristo, que se dedicaba a la compra y venta de autos, poco antes de quedar embarazada. Cuando eso sucedió a Cristo lo echaron de la comunidad gitana a la que pertenecía. Vivían en un domicilio de Paraná, Entre Ríos, junto a los tres hijos de Lescano, de 3, 5 y 6 años, y junto a Nahiara, una de las tres hijas de Cristo, a la que finalmente éste asesinó.
Según pudo reconstruir este medio, en la vivienda familiar primaba la violencia. Poco después del asesinato de Nahiara, Lescano declaró que Cristo se había vuelto muy violento después de las fiestas de Navidad y Año nuevo. Dijo que a ella no solo la maltrataba físicamente sino que además la mantenía incomunicada, sin celular, dentro de la casa. Que andaba armado y que tenía a Nahiara atada a una silla y desnutrida en otro espacio. Esto también fue ratificado por la hija de 5 años de Lescano quien además dijo ante la Justicia que su mamá había pedido en reiteradas ocasiones que Nahiara sea llevada a un hospital, a lo que Cristo, en teoría, se negaba.
En el pedido de elevación a juicio oral que realiza la Fiscalía, a cargo de Juan Francisco Malvasio y Santiago Brugo, se observa que las acusaciones sobre los maltratos y la posterior muerte de Nahiara recaen sobre Cristo. Pero señalan que Lescano no hizo nada para evitar el fatal desenlace. "...agresiones físicas y tratos inhumanos, consistentes en: golpes con elementos duros y romos; quemaduras en la totalidad del cuerpo con líquidos a altas temperaturas y cigarrillos; y no suministrándole la alimentación indispensable, lo que le provocó un estado de desnutrición generalizado", dice el escrito. Y añade: "Para ello, contó con el aporte en omisión de su concubina y madre sustituta de la niña". Además, aclara que ambos imputados "se endilgan recíprocamente la materialidad [de los hechos] argumentando haber estado bajo coacción del otro".
Fuentes allegadas a la Justicia relataron que Lescano comenzó con el trabajo de parto al mismo tiempo en que Nahiara moría en un hospital producto de la brutal tortura que venía sufriendo desde hacía tiempo. Fue Cristo quien la llevó hasta el centro de salud y quien luego quedó detenido. En tanto, los hijos de Lescano fueron llevados por una vecina a la COPNAF (Consejo Provincial del Niño, el Adolescente y la Familia). Luego de la cesárea, a Lescano no le permitieron conocer a su hija y 48 horas después la llevaron a declarar y a prisión.
Con el tiempo obtuvo el arresto domiciliario, pero sin poder tener contacto con sus hijos y sin siquiera haber visto una vez a la recién nacida. La prisión domiciliaria fue posible gracias a que una expareja de Lescano le prestó una casa donde cumplir la pena. Sin embargo, debió escapar de la misma al verse envuelta otra vez a una situación de violencia. "Se presentó en la comisaría y la enviaron nuevamente a prisión. Si hoy no puede acceder a una prisión domiciliaria es porque no tiene dónde alojarse", dijeron a este medio.