Durante su testimonio explicó que su trabajo estuvo enfocado exclusivamente en el tratamiento psicológico y en combatir el consumo de alcohol. En ese sentido, aseguró que una de sus principales preocupaciones fue que no hubiera bebidas alcohólicas en la casa donde Diego cumplía la internación domiciliaria.
El profesional también buscó despegarse de las decisiones médicas que hoy son investigadas por la Justicia. Según declaró, no participó de la elección de la internación domiciliaria ni de los cuidados clínicos que recibió Maradona, y afirmó que esas determinaciones estuvieron a cargo del neurocirujano Leopoldo Luque y la psiquiatra Agustina Cosachov.
Para respaldar esa versión, mencionó conversaciones mantenidas con ambos profesionales antes de comenzar a atender al exfutbolista, en las que —según indicó— ya se analizaba el problema de alcoholismo que atravesaba el paciente.
Díaz sostuvo además que cuando comenzó el tratamiento observó que Maradona había reducido el consumo de alcohol, aunque advirtió que las consecuencias sobre su salud seguían siendo importantes.
Durante la audiencia defendió el trabajo realizado por todo el equipo terapéutico y afirmó que el objetivo siempre fue mantener a Maradona alejado del consumo. Incluso aseguró que, de tener que volver atrás, actuaría de la misma manera.
En el tramo final de su declaración volvió a desligarse de cualquier responsabilidad por el fallecimiento del exfutbolista. Explicó que carecía de conocimientos para intervenir ante un cuadro cardíaco y remarcó que nunca tuvo influencia sobre las decisiones médicas que hoy son analizadas en el juicio.
El proceso continuará con nuevas testimoniales mientras la Justicia intenta establecer si existieron negligencias en la atención que recibió Diego Maradona durante los días previos a su muerte.