Fue el propio Ernesto quien descubrió la escena. Aún conmocionado, contó que su papá lo llamó para avisarle: "Me dijo ‘se nos fue la vieja’". Llegó a la casa acompañado por su hija y su sobrina y encontró a su mamá tendida, ya sin vida y con "un corte en el cuello bien calculado".
El hombre también precisó que llevó a las menores a lo de un vecino y regresó al domicilio. En esa segunda oportunidad no le tomó el pulso a su madre: dijo que el charco de sangre que la rodeaba le indicaba que ya no había signos vitales. "La sangre estaba coagulada; por todo el quilombo supuse que la había matado hacía rato", lamentó.
Según su relato, Marcelo le confesó el hecho, se tiró en la cama y le pidió que llamara a la policía. Le contó que habían discutido y que estaban "comiendo pan con queso". "Discutimos y se me fue la mano", reveló que agregó su padre. El acusado también tenía cortes y se los atribuyó a su mujer, pero su hijo cree que "se autolesionó después de haberla matado".
"Desde chico fue violento", sostuvo, aunque indicó que las agresiones físicas se habían interrumpido hacía unos diez años. La pareja llevaba casi 40 años de casados y nunca se separó. Silvia, según Ernesto, jamás lo denunció ni le tenía miedo: "Ella a veces comenzaba con los ataques porque el tipo le hacía la psicológica y se hartaba".
Sobre el vínculo con su papá, contó que en los últimos años había logrado construir una relación distinta y lo definió como "un tano loco". "Esto se había cortado; no me hizo sospechar, todo fue una sorpresa", aseguró, y cerró: "Espero justicia".