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El que fustigó las jubilaciones sin aportes ahora tramita la suya en ANSES
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El que fustigó las jubilaciones sin aportes ahora tramita la suya en ANSES

El exdiputado José Luis Espert fue fotografiado en una oficina de ANSES iniciando su trámite jubilatorio. Registra poco más de cuatro años de aportes y necesitaría regularizar unos 25 años mediante una moratoria. El mismo mecanismo que criticó duramente siendo legislador.

Hay fotos que no necesitan explicación. Esta semana, José Luis Espert fue fotografiado en una oficina de la ANSES iniciando su trámite jubilatorio.

El mismo Espert que durante años se despachó contra las moratorias previsionales, contra los que se jubilaban sin haber aportado lo suficiente, contra un sistema que —según él— premiaba a quienes no habían cumplido con sus obligaciones.

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Hoy ese sistema es el que necesita para jubilarse.

Los números son simples. Para jubilarse en Argentina hay que tener 30 años de aportes. Espert, que tiene 65 años el 21 de noviembre, registra poco más de cuatro años —los que acumuló mientras fue diputado—. Le faltan alrededor de 25 años.

Para completarlos, tendría que recurrir al Plan de Pago de Deuda Previsional, un mecanismo creado durante el gobierno de Alberto Fernández que permite comprar los años de aportes que no se hicieron. El costo estimado: unos 9 millones de pesos.

Que quede claro: no hay nada ilegal en ese trámite. La ley existe, está vigente y cualquier argentino puede usarla. El problema de Espert no es jurídico. Es de coherencia.

En marzo de 2024, Espert cuestionó públicamente que millones de argentinos se hubieran jubilado mediante moratorias y los comparó con quienes sí habían aportado toda su vida.

En junio de 2025, yendo todavía más lejos, dijo sin vueltas que "la categoría de jubilado está para el que hizo todos los aportes" y que quien no los completara podía recibir un subsidio, pero no llamarse jubilado.

Hoy, con cuatro años de aportes en su historial, Espert quiere jubilarse.

Si el contraste entre el discurso y la realidad ya era llamativo, hay un detalle que lo hace todavía más incómodo. En 2024, siendo diputado nacional por La Libertad Avanza, Espert votó a favor de la reforma previsional que, entre otras cosas, subió la edad jubilatoria.

Una medida que el oficialismo presentó como parte de un sistema más justo, basado en el esfuerzo real y los aportes genuinos.

Dos años después, el mismo legislador que levantó la mano para que sea más difícil jubilarse está en una ventanilla de ANSES intentando completar los requisitos que le faltan.

El trámite jubilatorio llegó en un momento en que Espert ya tiene suficientes frentes abiertos. Sigue imputado en una causa por presunto lavado de activos vinculada a una transferencia de 200.000 dólares que recibió en 2020 de una empresa relacionada con Federico "Fred" Machado, un empresario que se declaró culpable en Estados Unidos por fraude y lavado de dinero.

La fiscalía investiga si un supuesto contrato de consultoría fue usado para disfrazar ese movimiento de plata. Espert lo niega y dice que fue un trabajo profesional. En agosto pidió que lo sobreseyan.

En julio fue a declarar ante el juez federal de San Isidro y aprovechó para cuestionar a la fiscalía, diciendo que declararía cuando la investigación fuera "objetiva e imparcial".

Fue precisamente ese escándalo el que lo sacó de la política. En octubre de 2025, a menos de tres semanas de las elecciones, abandonó su candidatura para renovar su banca en la provincia de Buenos Aires y fue reemplazado por Diego Santilli.

Un año después, su regreso a la agenda pública no fue con un análisis económico ni con una conferencia de prensa. Fue con una foto en ANSES.

Al final, la política argentina tiene una capacidad infinita para producir momentos que ningún guionista podría inventar. Espert pasó años explicándole a los argentinos que el sistema previsional era un desastre porque premiaba a los que no habían aportado.

Hay una diferencia entre cambiar de opinión y actuar exactamente al revés de lo que se predicó. Espert no modificó su postura sobre las moratorias: simplemente las necesita.

Y eso no lo convierte en un delincuente, pero sí en el mejor ejemplo de por qué en política las palabras tienen peso, y tarde o temprano, vuelven.

Por Gabriel Rotter.

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