Su voz, sus letras y la historia de Miriam Alejandra Bianchi continúan formando parte del imaginario de varias generaciones, mientras su figura adquirió una dimensión que pocos artistas alcanzan después de su muerte. Para entender cómo aquella cantante que todavía buscaba consolidarse terminó convertida en un mito popular, hay que volver a las horas previas a aquel viaje y recorrer la historia de la mujer que decidió dejar atrás una vida previsible para perseguir su sueño.
La noche del 7 de septiembre de 1996 estaba destinada a quedar marcada para siempre por la muerte de Gilda. Hasta ese momento, la cantante gozaba de una popularidad importante, pero todavía no era una figura capaz de ocupar por sí sola un título en los diarios, ni siquiera de protagonizar una pequeña nota perdida entre las páginas. Sin embargo, todo cambiaría a partir de aquella tragedia: con su muerte comenzaría a nacer la figura de Gilda como mito popular.
El instante fatal
Faltaban pocos minutos para las siete de la tarde y la noche ya había caído sobre la Ruta Nacional 12, una carretera que con el tiempo había quedado marcada por el trágico apodo de “la ruta de la muerte”. En ese camino viajaba el micro de la gira que trasladaba a Gilda, sus hijos, su madre y los integrantes de su banda, hasta que, en cuestión de segundos, el vehículo quedó completamente destruido.
El vehículo avanzaba por el kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12 rumbo a Chajarí, Entre Ríos, localidad donde la banda tenía previsto presentarse. En ese tramo, un camión de carga brasileño se desvió hacia la banquina, perdió su trayectoria y terminó invadiendo el carril contrario, hasta chocar de frente contra el micro en el que viajaban los músicos.
El impacto provocó la muerte de Miriam Alejandra Bianchi, quien desde hacía algunos años había adoptado el nombre artístico de Gilda dentro de la música tropical; su madre, Isabel “Tita” Scioli; su hija Mariel; Elvio Mazzucco, conductor del ómnibus; y tres integrantes de la banda: Enrique “Quique” Tolosa, Gustavo Balbini y Raúl Larrosa.
Entre quienes lograron sobrevivir se encontraban su hijo Fabricio, que tenía ocho años, y Juan Carlos “Toti” Giménez, quien había descubierto y producido a Gilda y que en aquel momento también mantenía una relación sentimental con ella.
Las últimas horas: música y familia
Horas antes del accidente, Gilda y su banda habían realizado una presentación en vivo desde los estudios de América, ubicados sobre la calle Humboldt. La conductora destacó el talento de la cantante frente a las cámaras: “Ella es una verdadera diosa, es un talento de la movida tropical”, afirmó, antes de anticipar que la artista tenía actuaciones programadas en Entre Ríos y Corrientes.
Para aquella aparición televisiva, Gilda lució un vestido blanco acompañado por botas del mismo tono. Frente al público, se mostró sonriente, bailó y entonó “Fuiste”, una canción cuya letra las jóvenes presentes en la tribuna conocían por completo. También interpretó “Paisaje”, la reconocida composición del italiano Franco Simone que ella adaptó al público argentino. Después de aquella actuación, volvió a subir al micro con el que recorría distintas ciudades del país durante sus giras.
Antes de emprender el viaje, Gilda le hizo una solicitud inesperada a Elvio Mazzucco, quien estaba al volante del micro: quería desviarse hasta la vivienda familiar de Villa Devoto para recoger a su madre y a sus dos hijos y llevarlos con ella. Mariel y Fabricio se sumaban cada vez que se podía porque a Miriam le importaba compartir todo el tiempo posible con ellos; en cambio, su madre, “Tita”, no solía acompañarla durante las giras. Para ella, aquella sería la primera ocasión.