La situación escaló a niveles alarmantes, al punto de que su cuerpo quedó reducido al extremo. “Llegué a pesar 35 kilos, solo me pesaban los huesos, fue complicado”, detalló la mediática, revelando además las insólitas tácticas a las que recurría por su obsesión: “Un día me tenían que pesar a ver si mejoraba y puse piedras en el bolsillo para pesar más”.
El punto de inflexión no llegó por una revelación propia, sino al presenciar el dolor inmenso de quienes la amaban. “El clic fue cuando vi a mi familia sufrir, mis padres lloraban y dije 'ellos no se merecen esto'”, rememoró, destacando que el apoyo terapéutico fue su tabla de salvación para salir adelante.
Lejos de los lujos y las plumas con las que suele acaparar los portales, Vicky Xipolitakis reflexionó sobre las secuelas que dejó el hostigamiento, al punto de confesar que “yo me escondía para que no me vieran las piernas”.
Hoy, convertida en una mujer madura y con otras herramientas emocionales, cerró con una advertencia filosa contra la crueldad ajena: “Las lenguas te matan y te pueden llegar a castigar. Hoy soy más grande y estoy segura. Uno está lindo cuando está sano”.