Según relataron ambos, la propuesta ocurrió durante un viaje a México realizado en 2024, en un contexto íntimo y familiar, con la presencia de las hijas de Fernández. En ese marco relajado, lejos de la exposición mediática cotidiana, Castillo decidió dar el paso impulsado por una convicción personal más que por expectativas externas. “Yo sentí que quería hacerlo y lo hice”, explicó el abogado, dejando en claro que la decisión nació de una certeza interna y no de presiones sociales o comentarios ajenos sobre los tiempos de la relación.
Los detalles de la boda entre Cinthia Fernández y Roberto Castillo
Para Cinthia, el momento fue tan emotivo como inesperado. La bailarina confesó que no sospechó nada hasta último momento, ya que su pareja logró disimular la sorpresa bajo la excusa de una simple salida. “Me engañó”, contó entre risas, al recordar que pensó que se trataba de una cena más en la playa. Ese detalle, lejos de restarle importancia, reforzó el carácter genuino del gesto y la emoción que marcó el inicio formal de un nuevo proyecto de vida en común.
Más allá del anuncio, Fernández también adelantó cómo imagina la boda. La pareja planea dos celebraciones bien diferenciadas: una ceremonia íntima, reservada para el círculo más cercano, y una gran fiesta destinada a familiares y amigos. La bailarina expresó su deseo de casarse por iglesia, un anhelo especial para ambos, ya que ninguno de los dos transitó antes esa experiencia.
Con humor, reconoció que uno de los desafíos será definir la lista de invitados, un clásico dilema que ya despierta bromas y complicidad entre los protagonistas. El compromiso simboliza mucho más que un casamiento.
Para Fernández y Castillo representa la consolidación de una relación basada en la espontaneidad, el diálogo y la decisión consciente de proyectar juntos. Sin apuros ni imposiciones, la pareja eligió su propio ritmo y convirtió un viaje familiar en el punto de partida de una historia que, en 2026, tendrá su capítulo más esperado frente al altar.