Hay una realidad: la gasolina es un compuesto volátil usado como combustible debido a la alta energía que liberan sus vapores. Estos son los que, en verdad, encienden el compuesto y podrían provocar una explosión.
Lo cierto es que han ocurrido accidentes en gasolineras por responder una llamada de teléfono o realizar algo con él, pero algunos argumentan que esos episodios son aislados y no permiten generalizar.
Tampoco se han generado pruebas concluyentes de que los aparatos a radiofrecuencia impliquen un riesgo de combustión. De hecho, la Comisión de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC), órgano que supervisa las normas de seguridad de los móviles, reconoce que la prohibición es "exagerada".
La energía que emiten los dispositivos es mínima y la única forma de que se produzca una explosión sería que exista una falla en la batería que encienda una chispa.
Aún así, la medida se sostiene con el argumento de que es mejor prevenir que curar. Entonces, por lo mismo que los manuales de móviles advierten no usar el celular en "atmósferas potencialmente explosivas", ¿por qué no evitar usar el teléfono durante los cinco minutos que te toma cargar gasolina?