En un descuido, el animal atravesó un espacio entre las chapas de aluminio de la persiana y cayó en caída libre hacia la vereda. De pasada se encontraba Marta Fortunata Espina, una vecina de 75 años que regresaba a su casa después de hacer las compras y la mascota impactó de lleno sobre la cabeza de la mujer, provocándole el aplastamiento instantáneo de sus vértebras cervicales.
Como consecuencia del violento golpe, ambos murieron en el acto, desatando una profunda conmoción y la aglomeración en la calle. Sin embargo, la secuencia fatal siguió cuando Edith Solá de 47 años, se acercó para averiguar lo que sucedía. Cuando cruzó la avenida Rivadavia en un tramo sin señalización, fue embestida por un colectivo de la línea 55, sufriendo un impacto fatal que terminó con su vida en el lugar.
El horror seguía y la muerte se cobró una última víctima. Un hombre no identificado que presenció el atropello sufrió un colapso nervioso y comenzó a sentirse mal. Tras cruzar a una concesionaria de automóviles para pedir ayuda, el testigo se desvaneció por un paro cardíaco y falleció mientras era trasladado de urgencia al hospital.
Esta es la historia de cómo un caniche se convirtió en leyenda en menos de veinte minutos por una insólita cadena de desgracias. Han pasado 38 años y muchos argentinos aún recuerdan el caso.