En la tranquilidad del campo había una ermita dedicada a la Virgen María. Allí encontró fuerzas y entusiasmo de tal manera que ya no se sentía huérfano: la madre de Jesús también era su madre.
En cuanto se lo permitieron sus familiares, regresó a Barcelona e ingresó en la orden de los Caballeros de la Merced, que hacía poco había fundado Pedro Nolasco.
Como joven sacerdote ayudó en el hospital de Santa Eulalia. Luego fue designado para liberar y recuperar cautivos. Ramón aceptó este trabajo con tal entusiasmo que confesó: “Siento que Dios me ha puesto en este mundo para redimir cautivos”. Y se largó a caminar pueblo por pueblo, pidiendo ayuda económica para comprar la libertad de cristianos que habían sido capturados por piratas moros.
En la primera travesía a África liberó a ciento cincuenta desdichados. Y en un segundo intento, a doscientos. Pero al ver que quedaban algunos y no alcanzaba el dinero, él mismo se ofreció a cambio.
Se hizo esclavo para redimir cautivos de las manos de piratas berberiscos. Bajo el sol africano lo sometieron a duros trabajos. Cuando se agotaban sus fuerzas, sentía el ardor de los latigazos. Pero su gesto heroico y sus enseñanzas conmovieron a muchos.
Los bereberes admiraban la valentía y fuerza de ese sacerdote de Cristo; hasta hubo árabes que oraban al Dios de los cristianos. Pero un día dos fanáticos entraron en su celda, decididos a silenciar a Ramón, gritando: “Se terminó tu prédica, maldito cristiano”, mientras le taladraban los labios y le ponían un candado. “Así cerrarás la boca para siempre”.
Por fin, enviados por Pedro Nolasco, llegaron los Hermanos de la Merced con el dinero para el rescate. En 1239 desembarcó en Barcelona, donde fue recibido triunfalmente. El papa Gregorio IX lo nombró cardenal, en mérito a sus virtudes y a su caridad, distinción que no aceptó.
En 1240 fue llamado a Roma. Por obediencia inició el viaje, pero al llegar a Cardona, cerca de Barcelona, suspendió la travesía ya que se sentía muy débil. Dios lo llamó el 31 de agosto de ese año.
Ramón Nonato es el Patrono de los encarcelados, de las mujeres embarazadas y de las parteras.