Una opción es hervir trozos de cáscara seca para obtener una bebida relajante y natural. Su efectividad se debe al D-limoneno, un compuesto con propiedades antiinflamatorias que alivia molestias estomacales y reduce el estrés.
Al secarse, los aceites esenciales de la cáscara de mandarina intensifican su fragancia. Guardada en bolsas de tela o recipientes pequeños, sirve para perfumar placares, cajones o el auto.
También se usa para la limpieza. Dejar macerar las pieles secas en vinagre blanco durante unos días genera un potente desengrasante multiuso que elimina bacterias y malos olores en la cocina y el baño, ahorrando dinero y reduciendo el uso de químicos.
Por otro lado, su aroma cítrico aleja mosquitos, moscas y polillas de forma segura, ideal para hogares con niños o mascotas al colocar las cáscaras cerca de puertas y ventanas.
Por último, al moler la cáscara hasta hacerla polvo y mezclarla con ingredientes como miel, yogur o aceite de coco, se obtiene un tratamiento facial renovador rico en antioxidantes que remueve las células muertas.