También es importante observar el suelo. Después de los meses fríos, incorporar compost maduro o materia orgánica alrededor del árbol permite mejorar la estructura de la tierra y aportar nutrientes. El abono debe colocarse sin pegarlo directamente al tronco y mezclarse ligeramente con la capa superficial del suelo.
El riego requiere especial atención durante septiembre. A medida que aumentan las temperaturas, el árbol comienza a demandar más agua, pero esto no significa mantener el suelo permanentemente mojado. Lo recomendable es comprobar la humedad antes de volver a regar y asegurar un buen drenaje para evitar problemas en las raíces.
Otro punto fundamental que comparten quienes más saben de jardinería consiste en controlar la aparición de plagas y enfermedades. Los primeros brotes y las flores pueden atraer insectos, por lo que revisar periódicamente hojas, ramas y tallos permite detectar cualquier problema a tiempo. Si aparecen señales de infestación, es conveniente actuar rápidamente utilizando métodos adecuados para cada especie.
El acolchado alrededor de la base también resulta útil. Una capa de materia orgánica ayuda a conservar la humedad, reducir el crecimiento de malezas y proteger las raíces frente a cambios bruscos de temperatura.
Finalmente, durante la floración es importante evitar manipulaciones innecesarias y favorecer la presencia de polinizadores. Con suelo nutritivo, riego equilibrado, buena exposición solar y vigilancia constante, el árbol frutal llegará fortalecido a la primavera y tendrá mejores condiciones para desarrollar flores y posteriormente frutos.